Tres ensayos recientemente publicados de Mario Vargas Llosa

Pocos meses antes de la merecida euforia que ha despertado el premio nobel de Literatura concedido a Mario Vargas Llosa, salía publicada una compilación de tres ensayos suyos. Se trata de una colección con menos pretensión publicitaria que la reciente novela de El Sueño del Celta y resulta apropiada difundirla para seguir mostrando la faceta de formidable ensayista que también posee el reciente galardonado.

Por Carlos Goedder

www.cedice.org.ve

carlosurgente@yahoo.es

“Vargas Llosa es un individualista. Pertenece al mundo que piensa en los derechos individuales; pertenece a Occidente; es un indio occidental nada accidental sino reflexivo y estudioso; es, en fin, un hombre que pertenece al mundo de la libertad. Es un hombre libre que entiende que la libertad es el bien supremo del ser humano; porque la vida es libertad y la libertad es la vida”. (J.J. Armas Marcelo. “El Inca Vargas Llosa”. En Revista Leer, No. 217, Nov. 2010)

Pocos meses antes de la merecida euforia que ha despertado el premio nobel de Literatura concedido a Mario Vargas Llosa, salía publicada una compilación de tres ensayos suyos. Se trata de una colección con menos pretensión publicitaria que la reciente novela de El Sueño del Celta y resulta apropiada difundirla para seguir  mostrando la faceta de formidable ensayista que también posee el reciente galardonado.

La colección a que me refiero lleva por título Sueño y Realidad de América Latina. Ha sido publicada por Editorial Arcadia en mayo de 2010 y compila tres ensayos:

  • El que da título a la compilación, y que corresponde a una conferencia impartida en octubre de 2008.
  • Un ensayo más antiguo, “El Nacimiento del Perú”, difundido previamente en la revista Hispania, vol. 75, no. 4 de 1992, en plena conmemoración del quinto centenario del descubrimiento de América.
  • Una reflexión en torno a la figura del escritor mestizo de origen peruano Gómez Suárez de Figueroa, conocido como el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616). Este último documento carece de fecha y lleva por título “El Inca Garcilaso y la Lengua General”.

Estos trabajos provocan la reflexión sobre varios temas.

Uno de ellos es la aproximación esencialmente utópica y cargada de mito con que están impregnados muchos relatos y escritos sobre la América Latina. Desde los primeros cronistas españoles, una buena dosis de fantasía invade el pensamiento de todo el que intenta aproximarse a lo latinoamericano. Y en ese sentido persisten aún hoy en día quienes quieren ver en América Latina un continente donde pueden ponerse a prueba los sueños y delirios que en las sociedades europeas y estadounidense han fracasado o chocado frontalmente con la realidad. Entre estos anhelos históricamente más recientes estaría la Revolución Cubana, con la cual se creyó y aún algunos persisten en el dislate, que sí es viable un comunismo marxista-leninista en suelo latinoamericano.

El deseo de ensayar fantasías en América Latina suele estar guiado más por especulaciones y utopías alimentadas por el exotismo de lo latinoamericano. El propio arte de América Latina hace volar tal imaginación. Ahora bien, Vargas Llosa exhorta a una aproximación reflexiva con los pies en el suelo sobre lo latinoamericano, especialmente cuando se trata de su dimensión política, social y económica:

“Tratemos de acercarnos, haciendo un esfuerzo de racionalidad – y a sabiendas de que es muy difícil, pues todos los latinoamericanos, querámoslo o no, estamos infectados de mitología y utopismo – a la realidad que yace debajo de la fosforescencia de imágenes con que la ideología, la religión y la literatura han revestido a América Latina”.

Ese esfuerzo por un estudio fundamentado en estadísticas, en hechos, en información e historia son decisivos para lograr traer la prosperidad material a los pueblos hispanoamericanos. Como el propio Vargas Llosa aspira, América Latina puede ser un suelo “…Donde la felicidad no sólo se alcance cerrando los ojos a la realidad circundante y refugiándose en el sueño y la ficción, sino también, a veces, en la vida de verdad”.

El acercamiento a lo latinoamericano puede despertar una idea según la cual habría una identidad característica de la América Latina. Vargas Llosa es contrario a emplear este término de “identidad latinoamericana”, primero porque la identidad es algo asociado al individuo, al ser humano más que a la sociedad y en segundo término porque en Latinoamérica se funden en más o menos armonía culturas muy divergentes. Un par de citas son pertinentes al respecto:

“·Una de las manías recurrentes de la cultura latinoamericana ha sido la de definir su identidad. Se trata de una pretensión inútil, peligrosa e imposible, pues la identidad es algo que tienen los individuos, no las colectividades una vez superan los condicionamientos tribales”.

Y agrega:

“No es exagerado decir que no hay tradición, cultura, lengua y raza que no haya aportado algo a ese fosforescente vértice de mezclas y alianzas que se dan en todos los órdenes de la vida en América Latina”.

En cualquier caso la idea de identidad tiene al menos el mérito de buscar los elementos comunes e integradores que existen entre las sociedades latinoamericanas y ve tales afinidades en lugar de apelar a nacionalismos y chovinismos los cuales carecen de sentido en este subcontinente. Una reflexión extensa  sobre el peligro del aislamiento entre los pueblos latinoamericanos es hecha por Vargas Llosa:

“Tener conciencia de que las demarcaciones territoriales que dividen a nuestros países son artificiales, impuestas de manera arbitraria en los años coloniales y que los líderes de la emancipación y los gobiernos republicanos, en vez de reparar, legitimaron y agravaron, aislando a sociedades en las que el denominador común era más profundo que las diferencias particulares. Esta balcanización de América Latina, a diferencia de lo que ocurrió en América del Norte, donde las trece colonias se unieron y su unión disparó el despegue de los Estados Unidos, ha sido uno de los factores conspicuos de nuestro subdesarrollo, pues estimuló los nacionalismos, las guerras y los conflictos en que los países latinoamericanos se han desangrado, malgastando ingentes recursos que hubieran podido servir para la modernización. Sólo en el campo de la cultura la integración latinoamericana ha llegado a ser algo real, producto de la experiencia y la necesidad (…), en tanto que en otros dominios, la política y la economía sobre todo, los intentos de unificar acciones gubernativas y mercados se han visto siempre frenados por los reflejos nacionalistas, muy enraizados en el continente. Es la razón por la que todos los organismos concebidos para la región nunca han prosperado”.

Otra valiosa línea de pensamiento, que emerge del ensayo dedicado al Perú, es el elogio a la libertad individual. La caída del imperio inca tiene mucho que ver con la supresión del individuo en pos de la exaltación del Estado. Cuando la voluntad individual es sometida por un sistema de creencias en el cual se pretende colocar por encima la ideología estatal, la sociedad corre el peligro de desaparecer. La confrontación entre individualismo y socialismo tiende a generar un tejido social más perdurable, eficiente y equitativo cuando se resuelve a favor del primero.

El conquistador español fue capaz de desbaratar al imperio inca ante la confusión en que caen los indígenas cuando se resquebraja la estructura gubernamental liderada por Atahualpa. Hay al respecto dos citas de Vargas Llosa que merecen destaque:

“La estructura vertical y totalitaria del Tahuantinsuyo [Imperio Inca] fue, seguramente, más nociva para su supervivencia que las armas de fuego y el hierro de los conquistadores. Prisionero el Inca [Atahualpa], vértice hacia el que todas las voluntades convergían para recibir inspiración y animación, eje en torno al cual se organizaba la sociedad y del que dependía la vida y la muerte de todos – desde el más grande hasta el más humilde -, nadie supo cómo actuar”.

A lo cual adiciona este otro fragmento:

“[En el Imperio Inca] el individuo no contaba, prácticamente no existía en aquella civilización piramidal y teocrática cuyas hazañas habían sido siempre colectivas y anónimas (…). Una religión de Estado que anulaba la voluntad del individuo e investía las decisiones de la autoridad con la aureola de mandatos divinos, hizo del Tahuantinsuyo una colmena: laboriosa, eficiente, estoica. Pero su inmenso poderío era, en verdad, fragilísimo; todo él reposaba sobre las espaldas del soberano-dios, a quien el hombre del Incario debía servir y obedecer abdicando de su propio yo”.

En este sentido, se puede decir que el individuo es una importación hispana al Perú incaico. Aún así, en este momento que se conmemora el bicentenario de la Independencia Hispanoamericana, conviene reflexionar respecto a que el mestizaje liberal aún ha resultado en un producto bastante débil en todo el orbe hispanoamericano, incluyendo a la propia España. La gran tradición anglosajona de pensamiento liberal aún está parcialmente ausente en los territorios latinoamericanos y en la propia cultura de las metrópolis española y portuguesa. Es por ello recomendable el rescate que se está haciendo de ese breve período liberal que vivió España y sus colonias cuando hubo el albor del constitucionalismo entre 1810 y 1814. La reflexión sobre cómo cayó el Imperio Inca es un buen recordatorio de la debilidad social que se acumula en una nación cuando la libertad flaquea.

De esta polisémicas colección de ensayos aún se puede extraer una consideración final respecto a la literatura hispanoamericana, al abordar el ensayo sobre el Inca Garcilaso de la Vega, primer cronista mestizo hispanoamericano (es importante distinguirlo del poeta Garcilaso de la Vega, quien vivió entre 1503 y 1536).

Al referirse a su compatriota, Vargas Llosa afirma:

“El logro extraordinario del Inca Garcilaso de la Vega – dicho esto sin desmerecer sus méritos sociológicos e historiográficos -, antes que en el dominio de la historia, ocurre en el lenguaje, es literario.”

Y complementa:

“Su verdad, antes que histórica, es estética y verbal”.

Estas opiniones también son válidas para mucho de lo publicado en la América Hispana. Hay abundante narrativa y poesía, de gran calidad universal, mas ellas, como aproximación a lo hispanoamericano, siempre serán ficción y muchas veces tendrán esas connotaciones de “realismo mágico” que alimentan ensoñaciones y amor por el exotismo.

La América Hispana precisa más ensayistas, más estudiosos de su realidad fáctica. En el caso de Vargas Llosa hay una producción ensayística importante, siendo una de mis lecturas predilectas su columna quincenal en El País. Mas la mayoría de los escritores hispanoamericanos nos recrea con el mundo de la ficción. Hay que añadir publicaciones donde se medite lo hispanoamericano desde su perspectiva histórica, sociológica, económica y técnica. Si bien alegra tener premios nobel literarios y de la paz, América Hispana también los precisa en medicina, economía, física y química. Las sociedades hispanoamericanas precisan ser algo más que objeto de recreación y deleite literarios.

Una última palabra sobre el Inca Garcilaso de la Vega sería para invitar con su figura a vivir plenamente el mestizaje. A entender que España e Hispanoamérica son mundos mezclados y que ambos tienen más proximidades que diferencias en su cultura. Cuando estamos en plena conmemoración de la independencia hispanoamericana lo que cuenta es rescatar el esfuerzo liberal que ambas sociedades vivieron en ese convulso período entre 1810 y 1824. Buscar la afinidad más que la distancia en lo mestizo es un desafío para Latinoamérica y España, entendiéndose la interacción bidireccional que ha habido entre ambos mundos. El inca Garcilaso es una feliz figura, al igual que Vargas Llosa, de la aproximación entre lo hispanoamericano y lo español. Como dice el nobel en su ensayo sobre el Inca Garcilaso, al referirse al idioma castellano:

“Una lengua como el runa simi [quechua] que él evocaba con tanta devoción, se convertiría desde entonces, igual que el quechua, la lengua general del Imperio de los incas, en la lengua general de muchas razas, culturas, geografías, una lengua que al cabo de los siglos, con aportes de habladores y escribidores de varios mundos, tradiciones, creencias y costumbres, pasaría a representar a una veintena de sociedades desparramadas por el planeta, y a cientos de millones de seres humanos, a los que ahora hace sentirse solidarios, hijos de un tronco cultural común, y partícipes, gracias a ella, de la modernidad”.

En efecto, ojalá entre los hispanohablantes pueda conseguirse ese logro que en el Inca Garcilaso identifica Vargas Llosa, eliminando racismos y preconceptos nacionalistas:

“Lo notable y novedoso – revolucionario habría que decir – en la actitud del Inca frente al tema de la patria, lo que ahora llamaríamos la ‘identidad’, es que es el primero en no ver la menor incompatibilidad entre un patriotismo inca y un patriotismo español, sentimiento que en él se encontraban y fundían, como un todo indisoluble, en una alianza enriquecedora”.

Con Vargas Llosa, peruano y español por adopción, se ha dado esta feliz celebración conjunta de ambos mundos, el español y el hispanoamericano, por un logro estético común. Alegrías compartidas como esta han de ser una meta para estas sociedades, ya que si bien España hace bien en mirar hacia Europa, cometería un gran error olvidando a la América Hispana. Y desde Hispanoamérica desviar la visión únicamente hacia Estados Unidos cercena una importante dimensión de nuestra cultura.

Opinión independiente.

(18520)

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One comment

  • MOISES SANTA CRUZ dice:

    muy d acuerdo creo que no existe valor supremo que el de la libertad que los hombres alcanzan sin ser reprimidos por medio de la fuerzas o las ideas estrechas.

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