No ‘Marx’ sacrificio laboral

Que levanten la mano las personas que quieren cambiar de trabajo. Que se sientan aludidos aquellos que quisieran ganar más dinero pero están presos de un día a día que no consideran parte de su vida. Que lean esto quienes “se sacrifican” de lunes a viernes injustamente. Si usted cree estar dentro de este grupo, entonces considérese presa del punto de vista marxista del trabajo.

Por Vanessa Quinde Montero.

Que levanten la mano las personas que quieren cambiar de trabajo. Que se sientan aludidos aquellos que quisieran ganar más dinero pero están presos de un día a día que no consideran parte de su vida. Que lean esto quienes “se sacrifican” de lunes a viernes injustamente. Si usted cree estar dentro de este grupo, entonces considérese presa del punto de vista marxista del trabajo.

Marx define la fuerza de trabajo como “una mercancía”. Para él, el capitalista -el malo explotador que paga poco- trata al trabajador como un instrumento que participa en la confección de un producto sin más. Y tenía razón en su época, cuando las empresas se organizaban según la “Teoría X”, piramidal, rígida, autoritaria, realmente explotadora. El “capitalismo”, tal y como lo concibe Marx, ya no existe.

Sin embargo, desde el siglo XIX hasta hoy una cosa ha cambiado y otra sigue igual: ha cambiado el modo de organización empresarial “Teoría X” a la llamada “Era de la Información” -en donde se valora la ‘mentefactura’ más que la manufactura y en donde los trabajadores tienen posibilidad de surgir dentro de una empresa-.

Lo que se mantiene -y lo más peligroso- es el punto de vista pesimista que suena a “trabajo aquí por pura necesidad, porque no me gusta esto que hago”. Aunque también hay que reconocer que, muy en el fondo, existe una comodidad -o miedo- personal que impide progresar y aventurarse a migrar y hacer lo que a uno realmente le gusta.

Es necesario un giro. Marx se preguntaba si las horas que uno invierte trabajando significan la manifestación de nuestras propias vidas. Creyendo, además, que las horas trabajadas “se subastan al mejor postor”, obviamente la respuesta resulta negativa.

Definitivamente a Marx le faltó ver la otra cara de la moneda. Hay que tomar en cuenta todas las externalidades de ocupar un puesto de trabajo para cambiar el punto de vista y empezar a festejar el lugar que ocupamos.

Para empezar, cada trabajo, por más sencillo y fácil que parezca, tiene fines trascendentes de servicio a los demás. Este orden social del trabajo es fruto de una virtud: la laboriosidad, que hace que el hombre sea más hombre, según ha manifestado el Papa Juan Pablo II.

La laboriosidad y el amor al puesto porque servimos a otros trabajando explica nuestra vida y convierte esas ocho “tediosas” horas diarias en ocho “serviciales” horas diarias. La felicidad, la realización personal -y hasta el dinero- vienen solos.

Pueden llover muchas críticas a este asunto. Críticas que incluirían temas de circunstancias, de economías, de posibilidades de mejor educación, de lugares y universidades, pero no hay que olvidar que en las manos del hombre está el cambiar y mejorar su realidad… o hacer lo contrario.

Solamente necesitamos una reforma en nuestro punto de vista: que pase de pesimista a optimista. De modo que mañana, cuando habrá que levantarse nuevamente con el despertador para un nuevo día de trabajo, no lo veamos más como un sacrificio sino como un disfrute, como un día con sentido.

Digámosle a Marx: “te equivocaste, porque el trabajo que tengo me dignifica como hombre y sí, es una manifestación de mi vida”. Y lo mejor: “estoy aquí porque quiero y, si quiero, progreso, porque también tengo esa posibilidad” (a diferencia de las cadenas que pone Marx al hombre en su “paraíso comunista”).

 Bibliografía:

– Rovetta, V. Teoría Marxista de las Clases Sociales. Nativa Libros: Buenos Aires, 1973.

– Juan Pablo II. Laborem Excersens.

– Popper, Karl. El Colapso de la agresión Marxista. Revista Atlántida, 1992.

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One comment

  • cayotopa dice:

    conformo la inversion privada crece en el perú, el estado peruano debe ser protector de los de los derechos laborables del trabajador, que es la parte debil dentro una relacion laboral, dado por, el poder economico, asimismo, estos actos por su naturaleza (laboral) deben ser supervisadas por entes que tutelen los derechos para garantizar que dentro del nucleo social exista justicia y democracia en un pais que aspira ser lider en latinoamerica.

    (todo esto fundamentado en principios)

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