El Foro de Sao Paulo: Brasil y la quinta internacional del Castrolulismo

La salida de Chávez constituiría un golpe mortal a las pretensiones de la izquierda radical del continente por volver a la edad dorada del castrismo auroral. Le clausura el grifo mágico de recursos financieros a quienes sin ellos estarían arrinconados sin poder y sin gloria.

Antonio Sánchez García

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A la diestra de Lula da Silva, sentado a su vez a la diestra de Fidel Castro, se sienta una pléyade de viejos trotskistas latinoamericanos conducidos por un viejo paulista, sociólogo sin sociología, cuyo atributo existencial, por darle algún nombre a sus prejuicios de cófrades medioevales, es el borgeano, insólito y escatológico convencimiento de que la revolución es una entidad de orden teológico al que nos condena el pecado original. Bebieron en su infancia del elixir de la “revolución permanente” de Leo Davidovich Bronstein, el hereje, y desconociendo con tenacidad todas las pruebas de la einsteiniana realidad, que con porfía ha derrumbado todos los experimentos marxianos, siguen postrándose ante el anciano patriarca de Tréveris y su carnal Federico Engels, apostando sus vidas al asalto al Poder por las buenas o por las malas, para intentar demostrar inútilmente y por enésima vez que llueve de abajo hacia arriba, la tierra es plana y se encuentra en el centro del universo, la dictadura del partido y su caudillo es la mejor democracia y el hambre un destino inexorable de una humanidad que si quiere sobrevivir debe volver a los tiempos de las cavernas. Todo sea en honor del igualitarismo.

La idea de montar esta cofradía de templarios trasnochados, llevada a cabo a pesar de la prueba documental y viviente de que la revolución socialista es un dislate, la catástrofe del experimento social de la tiranía comunista un sino irremediable y su única ventaja para su gerente, la expropiación de por vida y hereditaria del poder político – hablamos obviamente de Fidel Castro – no hubiera sido realizable sin el aporte de las viudas de la OLAS, la Organización Latinoamericana de Solidaridad, montada por el castrismo recién triunfante – y los despojos del esfuerzo imperial de la dictadura cubana en los sesenta por sentar sus fueros en Bolivia, en Perú, en Argentina, en Brasil, en Chile, en Colombia, en Ecuador, en Venezuela y en toda Centroamérica mediante la exportación del modelo guerrillero como nuevo instrumento de asalto y conquista del Poder.

Derrumbado el muro de Berlín y desmoronado el imperio soviético como un castillo de naipes, extraviado el castrismo y condenada la sociedad cubana a morir de hambre o enceguecer de avitaminosis, mientras se avizoraba la reconstrucción de las economías de los países que salían de las dictaduras que provocaran con el guevarismo – Chile, Argentina y sobre todo Brasil, sabiamente presidida por la socialdemocracia brasileña y Fernando Henrique Cardozo – nuestros trotskistas se prepararon al asalto del Poder, dado el cambio generacional que súbitamente ponía a los herederos del fracaso a pata de mingo de conquistar el Poder. Con un giro copernicano, aportado por el reformismo ancestral de los trotskistas, súbitamente a la vanguardia del nuevo proyecto: ya no por la violencia, que una sociedad moderna no se conquista por los armas – Hitler dixit – sino infiltrándose en los vericuetos de la Hegemonía y cayéndole a saco a las democracias ingenuas, víctimas de la decadencia de sus élites, como Venezuela.

De ese modo, la joya de la Corona, principal depositaria de las más grandes reservas de petróleo de Occidente, volvió a privarle el sueño a quien saliera en los sesenta con las tablas en la cabeza de Venezuela luego de dos intentos invasores, una gigantesca inversión en armas y dólares y el compromiso existencial de quien juró que Venezuela y el petróleo serían suyos, así tuviera que subir al cielo gateando.

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Puede que hoy, los tontos útiles de la sección venezolana del Foro de Sao Paulo que con absoluta ingenuidad y una irresponsabilidad rayana en el crimen de Estado le extendieran en febrero de 1989 la alfombra a la visita a Caracas de quien ya traía in pectore tanto la fundación del Foro como devorarse de una sola zampada a la principal nación de Caribe y si fuera necesario asesinar a su gentil anfitrión, sin saberlo compañero de ruta de quien le asestaría la gran puñalada trapera, – nos referimos obviamente a Fidel Castro y al presidente constitucional de Venezuela Carlos Andrés Pérez, defenestrado por una cayapa ante la cual la que le hizo la zancadilla al paraguayo Lugo es digna de un orfelinato – sepa perfectamente de qué se trata cuando se menciona a los templarios paulistas que nos visitarán el 4 y 5 de julio próximos.

Se trata de quienes se confabularon a la sombra de la estupidez de las democracias alcahuetas, comenzando por la de nuestros fiscales, prohombres mediáticos, militares, editores, jueces, empresarios, filósofos y politicastros de fines de siglo, para coronar con la joya petrolera a un teniente coronel golpista, zafio, brutal, asesino y decidido a liquidar nuestra República y montar el régimen totalitario que le garantice gobernar de por vida, siguiendo el modelo que inspira a los foristas que nos visitan: la tiranía castrista. Se trata del ELN y las FARC de Colombia, de todos los partidos, grupos y grupúsculos de la ultraizquierda latinoamericana, y de aquellos que a la sombra del chavismo y contando con el financiamiento del petróleo venezolano y jugosos maletines contrabandeados en esta última década montaron los gobiernos de Lula, de Kirchner, de Evo Morales, de Rafael Correa, de Daniel Ortega, de Pepe Mujica, de Dilma Roussef. Se trata, en consecuencia, de quienes salieron de la oscuridad de las covachas conspirativas, los secuestros, las guerras de guerrillas y los asaltos de bancos para adquirir certificados de buena conducta y lucir ante el mundo como ejemplares tribunos democráticos: el PSUV venezolano, el PT brasileño, los montoneros y tupamaros rioplatenses, los Elenos bolivianos, los sandinistas nicaragüenses, entre muchos otros que estarán a la espera de asaltar el poder, como los comunistas, los miristas, los socialistas chilenos de la ultra. Que ya lanzan sus nuevos rostros para la ofensiva desde las universidades chilenas.

Se trata de los embaucadores de oficio que al amparo de la idiotez de la progresía europea reciben premios nobeles y jugosos estipendios en Euros, como Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez Esquivel, de quienes habría que preguntarse si honran la compañía de la Madre Teresa de Calcuta y Willy Brandt. Estafadores de la nueva izquierda que acompañan la danza con lobos de las abuelas de Mayo, mecheras de profesión dignas de Enrique Santos Discépolo.

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La insólita irresponsabilidad de las democracias occidentales y del Departamento de Estado al pensar que desaparecida la Unión Soviética luego de la caída del Muro desaparecía la conspiración de la izquierda castrista en América Latina y la región se enrumbaba por la senda de la reconstrucción de las democracias y la modernización de sus sistemas políticos y la globalización de sus economías se ha saldado con un trágico saldo: la destrucción de las bases sociopolíticas y económicas venezolanas, uno de los principales bastiones de la democracia en la región, y el asalto al poder por parte del golpismo de izquierdas en sus países más importantes.

La primera gananciosa de este grave descuido ha sido el imperialismo brasileño, que juega abiertamente con dos cartas: la de la consolidación de su poderío económico estratégico – ya es la sexta potencia del mundo – y la del control de la región con la mano izquierda del Foro. El trotskismo sabe manejar a la perfección el juego de la conspiración capitalista. Comprendió la nueva fase del desarrollo capitalista en medio de la crisis mundial: fortalece su burguesía nacional – un clásico ejemplo de política trotskista de alianzas -, se apodera de la interlocución de la región con la progresía norteamericana y favorece el desarrollo de autocracias dispuestas a asumir las satrapías de sus intereses.

En esa política, el Foro sirve a la perfección a sus intereses regionales. De allí la pregunta: ¿a qué viene a Venezuela la tribu del castro-lulismo? ¿Qué se traen entre manos estos querubines de la revolución, que tienen en Hugo Chávez al gran heresiarca, en Alejandro Peña Esclusa la víctima propiciatoria de un régimen agonizante y a los intereses imperialistas de la neo burguesía brasileña su magno propósito?

Mueve al Foro de Sao Paulo un propósito esencial e irrenunciable: impedir la caída del régimen de Hugo Chávez, con la cual se dislocaría todo su ajedrez imperial. Impedir que el títere de Castro y del lulismo deje la escena y las principales reservas petrolíferas vuelvan a manos de sus legítimos propietarios: nosotros, los venezolanos. Cerrarle el paso a la democratización de América Latina, como lo han pretendido ayer en Honduras, como hoy lo pretenden en Paraguay. Pues de la ominosa y repudiable intervención del ministro de relaciones exteriores de Hugo Chávez en la Asunción queda claro el papel de gendarmería forista que se le asigna a nuestro país. Que usa el garrote petrolero como el Departamento de Estado utilizara en el pasado la Quinta Flota, el garrote militar de sus marines y el sebo financiero del FMI.

La salida de Chávez constituiría un golpe mortal a las pretensiones de la izquierda radical del continente por volver a la edad dorada del castrismo auroral. Le clausura el grifo mágico de recursos financieros a quienes sin ellos estarían arrinconados sin poder y sin gloria. Gran parte de los fastuosos ingresos petroleros, escamoteados a nuestros sectores más desvalidos, han ido a satisfacer la insaciable voracidad del castro chavismo latinoamericano. Han alimentado la existencia de grupúsculos de ultra izquierda, campañas de gobiernos corruptos, cruzadas de quienes no distinguen entre causas e intereses personales. Ha permitido la sobrevivencia de quienes, desde el gobierno cubano al de Nicaragua, desde el de Bolivia al de Ecuador, sin el auxilio castro chavista ya hubieran pasado al olvido.

De allí mi asombro cuando escucho las quejas de aquellos sectores que respaldan al candidato de la democracia venezolana por el hecho de que el Partido de los Trabajadores del Brasil, puntal del Foro, respalda a Hugo Chávez. Todavía se fían del crédito que hace cincuenta años tuvieran los Castro y en la natural bonhomía del comunismo internacional. Son ciegos ante lo obvio: Lula, Dilma y su cohorte van a lo suyo. Liquidar a las democracias latinoamericanas y sentar el poderío del neo imperialismo brasileño. A eso vienen: a examinar las condiciones del campo de batalla en que posiblemente este 7 de octubre se jugará el destino de Latinoamérica.

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