La Parada y el Fracaso del Estado como Administrador

Un hecho que ha pasado casi inadvertido, y que debería ser materia de análisis es ¿Quién fue el responsable de que el mercado La Parada y sus alrededores se conviertan en lo que llegaron a ser? Es decir, lugares hacinados, sucios y malolientes, inseguros e insalubres. Esto es importante saberlo, pues como la Municipalidad seguirá a cargo de la administración del nuevo mercado mayorista, ahora en un nuevo local (Santa Anita) ¿Qué garantiza que ese lugar no se convierta años más tarde en un sitio igual de despreciable?

Un hecho que ha pasado casi inadvertido, y que debería ser materia de análisis es ¿Quién fue el responsable de que el mercado La Parada y sus alrededores se conviertan en lo que llegaron a ser? Es decir, lugares hacinados, sucios y malolientes, inseguros e insalubres. Esto es importante saberlo, pues como la Municipalidad seguirá a cargo de la administración del nuevo mercado mayorista, ahora en un nuevo local (Santa Anita) ¿Qué garantiza que ese lugar no se convierta años más tarde en un sitio igual de despreciable?

¿Quién cuida la propiedad privada?

Para analizar este problema es necesario separar la cosa en dos, y no mezclarlas como mal intencionadamente ha hecho la alcaldesa de Lima. Una primera cosa es el mercado de la Parada, y otra segunda son las actividades desarrolladas en sus alrededores, es decir, en la vía pública ¿Cómo surge la vía pública? La vía pública es el resultado del entendimiento de que para unir propiedades deben existir accesos que permitan a los legítimos propietarios usufructuar sus bienes. Cualquier ocupación de tal acceso es, de forma derivada, una violación a la propiedad privada. Es como intentar ingresar a tu casa cuando alguien ha puesto una roca en la vereda. El invasor no podría alegar que por el hecho de estar fuera del área de tu propiedad no está afectando la misma. Entonces, lo que permitió que la tugurización reine en los alrededores de La Parada fue la violación al derecho de propiedad ¿Quién estaba a cargo de mantener el orden? ¿De evitar que la propiedad privada fuera afectada? Pues el Estado. Por tanto, la tugurizarían generada en los alrededores del mercado no fue sino producto de la mala administración del orden público por parte del Estado. Los comerciantes de la Parada no son sino víctimas de esta invasión bárbara.  Similar problema enfrentó años atrás el Complejo Comercial de Gamarra, ubicado apenas a unas cuadras de La Parada. Aquí la solución fue echar a los invasores y restablecer el orden. La solución no fue abolir el comercio de la zona como hoy se pretende. Hoy en día Gamarra no es el paraíso, pero sin duda es un lugar amigable donde se puede ir con la familia y transitar sin mayor problema.

¿Quién administró La Parada?

Luego, respecto a la primera cosa, mucho se ha hablado de las pésimas condiciones del comercio al interior del mercado (ya no en las afueras). La infraestructura y los servicios logísticos  complementarios eran obsoletos, decían. Pero la pregunta es ¿Quién administró la Parada? ¿Los comerciantes o la Municipalidad de Lima? Si los servicios que este mercado brindaba no evolucionaron a la par de la modernidad fue únicamente responsabilidad de su administración, es decir,  la Municipalidad a través de su empresa estatal EMMSA. Las empresas municipales siempre han servido únicamente para que la burocracia de turno haga su agosto ¿Pero no era que en los noventas el Estado se había retirado de la actividad empresarial? Pues parece que tal mensaje nunca llegó a la Municipalidad de Lima que actualmente tiene un portafolio compuesto por varias empresas que debería transferir al sector privado ante su incapacidad de ofrecer lo que la sociedad requiere.

¿Es el comercio sinónimo de desorden, caos y hacinamiento?

La alcaldía ha propuesto como solución al problema de La Parada abolir el comercio del lugar y poner en su lugar un parque donde las personas desarrollen actividades de esparcimiento. Parque del migrante ha dicho que se llamará. Tal determinación no ha sido adecuadamente explicada, pero una primera idea es que la burocracia municipal del gobierno izquierdista de Susana Villarán asocia el problema de tugurización y la inseguridad a las actividades mercantiles, y la paz y la tranquilidad a las actividades de esparcimiento. Si eso fuera así, la Municipalidad se equivoca, pues el desarrollo del caos nada tiene que ver con la actividad que se realice, sino más bien con la administración del orden y el respeto a la propiedad. Puede construir un parque o una iglesia como aquella que Cristo limpió de sus invasores, los efectos colaterales de no salvaguardar la propiedad adecuadamente serán los mismos. Incluso en un burdel reina el orden y la seguridad cuando la propiedad es puesta a buen recaudo, y cuando su administrador es un empresario dedicado a garantizar un buen servicio antes que un burócrata que no ve más allá de sus narices. De hecho, he visto muchos burdeles más ordenados y seguros que muchos parques municipales donde varias veces he sufrido asaltos. En el Perú, habría que recordar lo que fue el del parque Kennedy hasta antes de 1990, una canción del grupo frágil lo retrataba muy “hoy es viernes sangriento, allí están las muchachas …”. El hacinamiento pues, señora Susana, no es propio de alguna actividad específica, un parque también puede ser una olla de grillos como lo es hoy su lista de regidores. 

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