Más orden o más libertad: la gran apuesta de los cubanos

Raúl Castro cree que la solución de la economía castrista, a estas alturas, es “más orden en todos los escenarios de la sociedad”. Así lo expresó en una reunión del consejo de ministros ampliado el pasado viernes.

Raúl Castro cree que la solución de la economía castrista, a estas alturas, es “más orden en todos los escenarios de la sociedad”. Así lo expresó en una reunión del consejo de ministros ampliado el pasado viernes. Además, no contento con su exposición, “reiteró la necesidad de seguir trabajando con disciplina y exigencia para que el país se desarrolle de manera sustentable”.

No puedo estar de acuerdo.

Lo que precisamente necesita la economía castrista es más libertad, más autonomía, creatividad, liderazgo, vocación emprendedora. Valores que son incompatibles con el orden impuesto por un régimen político que hace más de medio siglo, por medio de dicho “orden”, eliminó de un plumazo las libertades cívicas, los derechos humanos, la propiedad privada, la libertad de empresa y en definitiva, cualquier ejercicio libre de pensamiento y obra por los cubanos. Para la llamada “revolución castrista”, todo aquello que estuviera en contra de su programa central, simplemente debería ser eliminado. Se emplearon a fondo para conseguir el nuevo “orden”, y ahí están para la responsabilidad histórica las depuraciones y fusilamientos masivos de los primeros años.

El “orden” ha sido, por tanto, una constante histórica de medio siglo de régimen castrista. Orden en la escuela desde que se accedía a una edad muy temprana a la condición de pionero. Orden en la etapa preuniversitaria como miembro de las juventudes comunistas, para no quedar marginado de la formación superior. Orden a la hora de aceptar un empleo y salario precarios, de los peor pagados de la economía mundial. Orden en las colas para obtener la mísera asignación de bienes contenidos en la libreta de racionamiento. Orden en los desfiles y marchas militares estalinistas cada vez que alguno de los máximos dirigentes se empeñaba en volver a decir algo públicamente. Orden y más orden. Los cubanos durante medio siglo han vivido sometidos a un permanente y desesperante “orden”. Por ello, pedir más orden, justo en estos momentos, puede parecer una broma macabra.

El “orden” que ahora exige Raúl Castro a la dirigencia política para afrontar los problemas de la economía no es el que marca un juez durante la sesión de un juicio para frenar rumores o alboroto. No existe en Cuba, por desgracia, la posibilidad de expresar posiciones distintas a las que vienen señaladas por el poder omnímodo de los Castro. Simplemente, se elimina al disidente. Primero se le atemoriza, después se le reprime y acosa, finalmente, si persiste en su actitud, se elimina. Esa es la metodología del “orden” aplicada por el régimen castrista. Quien no comparte esos principios, debe huir del país. Más de dos millones de cubanos están en contra de ese orden impuesto por el régimen y han rehecho sus vidas en el extranjero.

Durante medio siglo el castrismo no ha hecho más que exigir y aplicar “orden” y “orden”. El origen de los problemas actuales, la existencia de una economía ineficiente, paralizada, poco competitiva, sin estímulos para producir y ahorrar, está en el “orden impuesto”. Pero que no se equivoque. El orden no es el remedio, la exigencia de más orden es lo que causa el actual desastre. Y no por la vía de exigir más orden es cómo se van a resolver los problemas, ni esperando más tiempo o siendo más sistemáticos en la forma de afrontar los problemas para dar soluciones. No, en absoluto. No es orden impuesto lo que necesita la economía y la sociedad cubanas para salir adelante del atraso histórico del castrismo.

Por el contrario, hay que apostar por otros valores como la libertad, el espíritu empresarial, la libertad de expresión, de participación y asociación, la libertad para pensar de forma alternativa y considerar que la llamada “revolución” no es la única opción política reservada a los cubanos, sino que es legítimo reclamar un sistema democrático plural para la Isla. Los valores de la creatividad, del esfuerzo, del aprendizaje continuo, del emprendizaje, de la acumulación de ahorro, de la capitalización del trabajo, de los derechos legítimos de propiedad, son los que deben constituir la base de partida de la economía cubana, para superar y dejar atrás el peor período de la historia de la nación.

Si Raúl Castro quiere realmente apartar el pesimismo que, según sus propias palabras, contamina a la sociedad, que apueste por valores como los anteriores, que no recurra a las enseñanzas de su hermano, que ya están pasadas de moda, como el modelo económico y social en que sustentó su régimen, también en declive en cualquier país en que fue adoptado tras la segunda guerra mundial.

Las adversidades que tienen que afrontar los cubanos no requieren ni resistencia numantina ni tampoco lucha alguna para enfrentarlas, sino un gran esfuerzo de libertad, confianza en las posibilidades reales de una sociedad libre y dirección política democrática. No existe otra vía. Cinco décadas de “orden impuesto” son la evidencia más clara de que el camino del futuro para la patria no es más orden, sino todo lo contrario.

 

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