El ruin y mal uso de la palabra dignidad

No se trata, entonces, de salir a defender a USAID ante esta indecorosa “expulsión”. Finalmente la agencia de cooperación se ahorra un problema: sale de un país donde ya venía trabajando en condiciones hostiles y de donde incluso ya echaron a su embajador; es más podrá ahorrarse esos recursos que no son otra cosa que el dinero de sus contribuyentes y buena falta les hará. Acá pierde Bolivia.

En las áreas rurales de Bolivia, allá donde los campesinos producen y sacan a flote emprendimientos a pesar de políticas estatales que los limitan y los reducen a ser objeto del discurso gubernamental que vende a Evo Morales como “primer presidente indígena”, allí la dignidad no se corrompe ni se humilla con arengas revolucionarias ni antiimperialistas.

Cuando el presidente Morales, este primero de mayo, a título de “nacionalizar la dignidad de los bolivianos” salió a expulsar a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, recordé a don Genaro, productor de hortalizas, don Primo Méndez, productor de maní para la exportación, a doña Alcira comercializadora de ajíes bolivianos para el exterior y cientos de productores rurales que –exclusivamente- gracias al apoyo de la agencia de cooperación estadounidense lograron emprender, producir, innovar y hasta exportar. De esa digna manera, muchos campesinos sacaron a sus hijos de la miseria, haciendo todo lo posible evitar migrar para trabajar como peones en países vecinos y, sobre todo, evitando caer en el ruin negocio de la coca excedentaria destinada al narcotráfico.

Mientras tanto… de dignidad versa el presidente Morales, sobre cuya espalda pesa una demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por violación de los Derechos Humanos. “Nacionalizar la dignidad” declama el mandatario quien -escoltado por militares muy bien armados- estatizó veinte empresas hasta la fecha, dañando así los derechos de propiedad, deteriorando la seguridad jurídica y ahuyentando cualquier posibilidad de inversión extranjera. Por “la dignidad ante la injerencia” acusa Evo a los Estados Unidos, cuando todo el mundo sabe que tanto Cuba y como Venezuela asentaron su poderío en Bolivia a través de servicios de inteligencia, monitoreo, control y “asesoramiento”.

No se trata, entonces, de salir a defender a USAID ante esta indecorosa “expulsión”. Finalmente la agencia de cooperación se ahorra un problema: sale de un país donde ya venía trabajando en condiciones hostiles y de donde incluso ya echaron a su embajador; es más podrá ahorrarse esos recursos que no son otra cosa que el dinero de sus contribuyentes y buena falta les hará. Acá pierde Bolivia. Pierden todos los bolivianos que encontraron cierto alivio a la pobreza a través de los programas de cooperación, pierden los profesionales que encontraron cierto campo de acción en proyectos productivos. Y una vez más pierde Bolivia en el contexto internacional.

Toca salir a defender precisamente la dignidad de los bolivianos.  Ya que el gobierno de Evo Morales optó por mancillar el término, corresponde ahora recuperar la esencia, re-significar dignidad como aquel valor propio del individuo que –solamente en el pleno uso de su razón y disposición de sus libertades- es capaz de tomar decisiones, luchar por sus derechos y cumplir sus responsabilidades. Es decir la antítesis del sujeto/objeto que los regímenes totalitarios buscan ajustar a sus modelos.

Porque secuestrarle la dignidad a un pueblo es, precisamente, arrastrar a una sociedad a moldearse una perversa elucubración que se autodenomina Proceso de Cambio, a fundirse en un tejido uniforme que debe someterse ante el caudillo y su gobierno que tutela, dirige y secciona la vida de las personas.

Veinte millones de dólares por año, destinados a salud y protección del medio ambiente, pierde Bolivia con la expulsión de USAID. “Ya estamos preparados para responder a algunos pequeños programas con 5.000 o 10.000 dólares, no queremos a USAID en Bolivia, esos programas vamos a cumplir” (SIC), dijo el presidente Morales, vitoreado por cientos de burócratas oficialistas que con este acto celebraban el día del trabajo. Mientras tanto, miles de bolivianos, en nuestras casas, en el campo y en el exterior, veíamos cómo el autoritarismo persevera en menospreciarnos y humillarnos. “Nacionalizar la dignidad de los bolivianos” tituló Evo esta su nueva hazaña. La dignidad no se nacionaliza, señor presidente, la dignidad se respeta.

Fuente: Artículo publicado en http://independent.typepad.com/ republicado con la autorización de su autora.

Link: http://independent.typepad.com/elindependent/2013/05/el-ruin-y-mal-uso-de-la-palabra-dignidad.html

(2)

Loading Facebook Comments ...

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *