¿Qué tengo que aplaudir?

El artista en la sociedad será siempre necesario por su sutil libertad de ser… lo bueno, lo malo, lo perverso, lo ángel, lo idiota, lo bello, lo sangriento. Pero el que espera que le den permiso, que les llegue su visa y su gira, guardándose cualquier palabra que pueda ofender al que le paga su merienda o al que le da licencia, ese es deleznable aunque no lo sea su arte, y el público dejará de aplaudirlo de a poco, sin dejar de aplaudir su arte.

En un concierto en Miami el músico cubano David Torrens grito “con los pies en Miami y el Corazón en la Habana”. Luego bromeó con la risa que esconde desamparo “caballero, menos mal que las visas se han puesto mas fáciles”, en referencia a las visas para viajar a Estados Unidos. Por el mismo lado está la popular canción, que tiene ya varias derivaciones, “tu llorando en Miami y yo gozando en la Habana.”

Mas del intercambio cultural, que es reciclaje empacado en slogans demagógicos como “con actores que viven en Cuba y actúan en Miami, con actores que viven en Miami y actúan en Cuba”, usado por el director Carlos Días para la obra de teatro “Ana en el Trópico” donde se dijo la broma “Nadie quiere olvidar sus raíces pero todos quieren la ciudadanía” que a nadie le saco risa ni aplauso, lo cual me deja esperanzas en el público porque a nadie con libertad de tener o no tener raíces o ciudadanía, como se tiene en Miami, le parecería esto un comentario trascendente.

La parte demagógica son los balbuceos que pretenden solucionar cinco décadas de dictadura con bromas recicladas o evocando al gastado amor y a la reconciliación sin actos concretos. La parte miserable es la asimilación de las circunstancias sin intentar el mas mínimo análisis o acción critica: me llegó la visa, me quitaron la visa, me dejaron viajar, me dejaron, me dieron, todo esta bien, cuanto nos queremos. Y la versión de Miami: “mi corazón esta en la Habana y mis pies en Miami”… y hasta ahí el análisis, ¿soy un materialista desalmado que abandono su corazón o me lo arrebataron como a tantos millones de cubanos? ahora a trabajar trabajar trabajar trabajar y para el concierto por la noche, que puede ser comunista o capitalista, de libres a oprimidos, de oprimidos a oprimidos, de libres a libres, o de oprimidos a libres. Da igual.

Mi corazón esta en Miami, no solo porque están ahí mis padres y tantos cubanos libres, sino porque es donde he sido YO, lo que me hubiese resultado imposible en la Habana, donde ser corazón es quimera y la mente silencio. En la habana esta mi nostalgia y la libertad que espero tener.

El “todo anda bien, Miami y La Habana cantan a coro las de los 80s y 90s” me provoca una desesperanza inefable. No solo por el infame e innombrable miedo de los artistas que allá viven, sino por la dependencia creativa de el exilio en ellos, dependencia que desemboca en miedo, también a la dictadura, de tantos artistas, público y productores.

El artista en la sociedad será siempre necesario por su sutil libertad de ser… lo bueno, lo malo, lo perverso, lo ángel, lo idiota, lo bello, lo sangriento. Pero el que espera que le den permiso, que les llegue su visa y su gira, guardándose cualquier palabra que pueda ofender al que le paga su merienda o al que le da licencia, ese es deleznable aunque no lo sea su arte, y el público dejará de aplaudirlo de a poco, sin dejar de aplaudir su arte.

Fuente: Artículo publicado originalmente en http://enelmaralla.blogspot.com/. Republicado con la autorización de su autor.

Link: http://enelmaralla.blogspot.com/2013/12/que-tengo-que-aplaudir.html

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