¿Protestó debidamente Humala contra lo ocurrido en Venezuela?

La tibieza de la región para condenar lo de Maduro no es preocupación solo de los venezolanos. Si la arremetida contra la democracia triunfa hoy en Venezuela no solo se habrá sepultado el derecho de protestar de los venezolanos sino también se habrá amedrentado a las voces democráticas de toda América Latina.

A favor y en contra. Daniel Abugattás explica por qué cree que sí. Por su parte, Yesenia Álvarez argumenta por qué no.

A FAVOR: Daniel Abugattás / Congresista de la bancada de Gana Perú

El futuro de Venezuela

Tras varios días de protestas en Venezuela, la comunidad internacional se ha pronunciado para que las fuerzas políticas de ese país abran un diálogo pacífico y pongan fin a la tensa situación que allí se ha vivido en los últimos días. 

Colombia, Estados Unidos, Chile y México, entre otros, ya han manifestado su preocupación frente a las turbulencias políticas por las que atraviesa el hermano país sudamericano, invocando a que cualquier diferencia sea resuelta en el marco del diálogo, respeto a la institucionalidad y del derecho internacional. 

Por su parte, el presidente Ollanta Humala, a través de un pronunciamiento público emitido desde el Oriente Medio, formuló oportunamente un llamado a la calma y una invocación “al Gobierno de Venezuela, a sus autoridades, a sus fuerzas políticas y a sus ciudadanos a realizar el máximo esfuerzo para que la democracia y el respeto a los derechos de todas las personas, cualquiera sea su posición política, prevalezcan”.

Así, el Gobierno Peruano ha iniciado un categórico rechazo a la violencia y al enfrentamiento en la hermana República Bolivariana de Venezuela: ha hecho un llamado tanto a las fuerzas del orden como a los movimientos opositores para que depongan estas actitudes y se restablezca la tranquilidad y la paz social; y ha manifestado la necesidad de que prevalezcan el espíritu democrático y el respeto a los derechos fundamentales sin importar su vinculación política. 

Se acusa al Gobierno Venezolano de mantener un régimen antidemocrático, sin embargo, para el análisis resultan útiles los datos del Latinobarómetro del 2013 que señalan que un sector importante de la población venezolana (42%) está satisfecha con la democracia que tienen. Asimismo, se le acusa de afectar la libertad de expresión, lo cual siempre es materia de cuestionamiento, incluso en el caso peruano, en el que la percepción ciudadana sí considera que la altísima concentración de medios afecta la libertad de expresión y la democracia. 

Venezuela se divide actualmente en dos frentes: los que solicitan que se deponga la violencia institucional y los que apoyan irrestrictamente al oficialismo y rechazan la injerencia externa. Es menester entonces, antes de criticar y lanzar posiciones cargadas de tintes políticos y de figuretismo electorero, respetar el hecho de que el futuro político de Venezuela lo decidirá el pueblo venezolano. 

Por ello, quienes exigen una postura más radical del Perú y declaraciones altisonantes y/o amenazantes por parte de nuestro presidente no deberían olvidar el principio de la no intervención en asuntos internos, el marco de las relaciones que tenemos con Venezuela y el respeto por las decisiones de quien maneja la política internacional del país, así como el futuro de 30 millones de peruanos. El retiro de un embajador o la ruptura de relaciones no van a solucionar los cuestionamientos entre oposición y gobierno que atraviesa Venezuela en estos momentos. 

Como congresista de la República y miembro del Partido Nacionalista, quiero manifestar mi rechazo por los actos de violencia suscitados recientemente en Venezuela; invocar para que vuelva la calma, manifestar mi esperanza para que cese la inoperancia de la OEA y exhortar para que, vía un acuerdo nacional, el hermano pueblo venezolano dé pronta solución a sus problemas.

 

EN CONTRA: Yesenia Álvarez / Directora del Instituto Político para la Libertad (IPL)

Tímida respuesta

Nuestro gobierno ha sido frío y timorato en condenar la represión brutal que ha emprendido el autoritarismo de Nicolás Maduro contra la protesta de ciudadanos pacíficos en Venezuela.

Cuesta creer que el presidente peruano, Ollanta Humala, quien emite el frágil pronunciamiento del 18 de febrero sobre Venezuela, sea el mismo que cuando le caía la noche por el caso López Meneses no dudara en mostrar su deslinde con palabras que expresaban su más profunda indignación, por lo que dijo: “Deslindamos totalmente con esa basura, con ese delincuente, no podemos aceptar que se quiera vincular a un Gobierno que está haciendo el esfuerzo de consolidar la democracia, de ser transparente, con ese tipo de basuras”. 

No es que pidamos que nuestro presidente se exprese con la misma brusquedad de palabras sobre Venezuela, pero sí esperábamos que hable con la misma indignación, fuerza y distancia que se debe guardar de los violadores de los derechos del pueblo como Maduro.

Nuestro presidente es bravo, recio y no duda en marcar distancias cuando de rufianes se trata, ¿por qué entonces la condescendencia con Maduro que ha disparado contra estudiantes que ejercían su derecho de protesta? 

Nuestro presidente, lejos de mostrarse categórico y consternado con estos actos antidemocráticos y sangrientos, ha escogido bien cómo cuidar sus palabras. Hace un llamado “a la calma y al diálogo” mientras se están asesinando estudiantes con saña y violencia. Pide que “autoridades y ciudadanos realicen su máximo esfuerzo para que la democracia y el respeto a los derechos de todas las personas prevalezca”, cuando es muy claro que es Maduro quien ha respondido criminalizando a la oposición. Y hace votos para que se detenga “el enfrentamiento entre venezolanos” cuando somos testigos de que las balas vienen de un solo lado, de los colectivos armados y de las fuerzas de gobierno que Maduro ha puesto en las calles. Creo yo que nuestro presidente no es que no haya condenado suficiente lo que pasa en Venezuela, simple y tristemente no lo ha condenado.

Son meses sombríos para la libertad y parece que Castro y Maduro también tienen amordazados a nuestros presidentes en la región. Humala debió envalentonarse como siempre lo hace y censurar a Maduro, ser solidario con el pueblo venezolano, indignarse por las muertes de civiles, pedir el respeto a la Carta Democrática Interamericana y guardar distancia de la última Declaración de la Cumbre de la Celac en La Habana. Algo, cualquier señal que demuestre que el Perú no le hace la comparsa a esos gobernantes con talante autoritario.

La tibieza de la región para condenar lo de Maduro no es preocupación solo de los venezolanos. Si la arremetida contra la democracia triunfa hoy en Venezuela no solo se habrá sepultado el derecho de protestar de los venezolanos sino también se habrá amedrentado a las voces democráticas de toda América Latina.

Por eso hay que ser enérgicos en pedir a nuestro gobierno una posición basada en principios. En algo tan delicado como la vida y la libertad de las personas, si nada relevante en su defensa se va a decir, no hay diferencia entre decir algo a medias que apañe la violación de derechos humanos, y el acto cómplice de quedarse callado.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 21 de febrero de 2014.

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Yesenia Alvarez

Yesenia Alvarez

Abogada de la Universidad de Piura, quien desde 1998 viene promoviendo la filosofía de la libertad mediante la dirección de proyectos de capacitación para jóvenes y programas de difusión de propuestas para consolidar la Democracia, el Estado de Derecho y el desarrollo de nuestro país.

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