El Auge de la Solidaridad

Nunca es tarde para un celebrar el valor de 5 damas. Vinieron de Perú (vea artículo, “Por acto solidario con Damas de Blanco, cinco peruanas son expulsadas de CUBA” ) a traer solidaridad y amor. Se les vio caminar por la 5ta Avenida, del barrio Miramar, en plena demostración de apoyo a las mujeres cubanas que asisten cada domingo a la iglesia de Santa Rita para orar por sus familiares encarcelados a causa de sus convicciones en torno al pluralismo y la tolerancia.

Por Jorge Olivera Castillo

LA HABANA – Nunca es tarde para un celebrar el valor de 5 damas. Vinieron de Perú (vea artículo, “Por acto solidario con Damas de Blanco, cinco peruanas son expulsadas de CUBA” ) a traer solidaridad y amor. Se les vio caminar por la 5ta Avenida, del barrio Miramar, en plena demostración de apoyo a las mujeres cubanas que asisten cada domingo a la iglesia de Santa Rita para orar por sus familiares encarcelados a causa de sus convicciones en torno al pluralismo y la tolerancia.

Marcharon con igual hidalguía. No hubo tibieza ni titubeos en la decisión de dar un espaldarazo a las Damas de Blanco. Sabían del vasto concurso de arbitrariedades, estaban convencidas de la falta de libertad en Cuba, querían ofrecer su mano más allá de la letra de una canción o de un verso romántico.

Se fundieron en el grupo de cubanas para engrandecer la muralla de coraje y perseverancia que se levanta, frente a la sinrazón, desde que sus seres queridos fueron enviados a la cárcel.

Con sus pasos encima del asfalto cubano, con los diálogos en el contiguo parque Mahatma Ghandi, cayeron de súbito las afirmaciones que describían una Latinoamérica inerme, en términos absolutos, respecto a las víctimas de una dictadura a pocos meses de cumplir sus 50 años.

No importa que hablemos de un hecho ocurrido en el primer tercio de un diciembre que ya es historia. Es oportuno volver a recordar el año 2007 desde la perspectiva de un hecho que amplía la escala de la solidaridad en torno a una lucha legítima y esperanzadora.

Perú puso su rostro de mujer frente a la brutalidad de un régimen que basa su gloria en el despotismo y la exclusión.

Ya nadie les hará un cuento de hadas que tenga a Cuba como una de las comarcas del Edén. Escucharon en el borde de sus oídos los testimonios en tiempo real de una tragedia con cientos de copias idénticas.

Ya no es un cuento que en la mayor isla de las Antillas se encarcela por ponerle voz o letras a los pensamientos contrarios al status quo. Ellas se convertirán en portavoces de lo que observaron, hicieron y sufrieron en el último reducto de un socialismo apuntalado con policías y delatores.

Se les expulsó como escorias por desplegar un cartel de denuncia contra el atropello, por hablar con mujeres “contrarrevolucionarias”, por venir a alborotar el país de la falsa unanimidad y el impresionante número de presos de conciencia.

Rostros femeninos de Bosnia, España y Suecia también se sumaron a esta fiesta de la solidaridad. Quizás sin preponérselo sean el detonante para que otras delegaciones crucen las cercas del GULAG.

Con voluntad todo se puede. Lo ocurrido es una buena demostración. De la vecindad latinoamericana deberían proyectarse otros ejercicios de apoyo directo. Perú sacó la cara, pero no es suficiente. Las Damas de Blanco esperan por nuevas visitas que sirvan para aumentar la grandeza de sus empeños.

Ellas solo exigen la vuelta a casa de sus familiares. Lo manifiestan con una combinación de firmeza y ternura, con un texto que resume el dolor y la irritación, pero que no llega a enturbiar la elegancia. Su estandarte es una flor y la blancura de sus vestidos. Una imagen que hace temblar al totalitarismo.

[Jorge Olivera Castillo es un periodista cubano independiente. Es uno de los prisiones políticos arrestados en la Primavera Negra de 2003, sentenciado en un jucio sumarísimo a 18 años de cárcel: y excarcelado el 6 de diciembre de 2004 mediante Licencia Extrapenal por colitis ulcerativa, hipertensión, y otros problemas de salud]

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