LA PAZ MÁS CARA DEL MUNDO.

Colombia acaba de vivir un proceso electoral donde venció el miedo a la guerra. El Presidente Juan Manuel Santos le ganó las elecciones al candidato opositor, Oscar Ivan Zuloaga, con un slogan de campaña que contraponía un acuerdo de paz –que el negocia con los terroristas de las FARC en Cuba- a la ofensiva final contra el terrorismo propuesta por su oponente.

Colombia acaba de vivir un proceso electoral donde venció el miedo a la guerra. El Presidente Juan Manuel Santos le ganó las elecciones al candidato opositor, Oscar Ivan Zuloaga, con un slogan de campaña que contraponía un acuerdo de paz –que el negocia con los terroristas de las FARC en Cuba- a la ofensiva final contra el terrorismo propuesta por su oponente.

“Realmente ahí se dio un debate entre la paz y la no paz” espetó Nicolás Maduro al enterarse de la noticia. En opinión del dictador venezolano, los colombianos tomaron el camino de la paz al reelegir a Santos, a quien le pidió que cuente con el gobierno bolivariano de Venezuela “para seguir trabajando por la paz”.

Desde Bolivia, Evo Morales y sus huéspedes participantes del G77 saludaron  la reelección. El silencio, sin embargo,  llegó desde La Habana, los únicos que no dijeron nada sobre el triunfo de Santos fueron los cabecillas de las FARC, se quedaron mudos de alegría.

La subversión, latente en ese enorme país, tiene poder económico y territorio liberado, y todo indica que hará de este proceso de negociación un episodio interminable.

Lo que la experiencia nos dice, sin embargo, es que solo los países que derrotaron, efectivamente, la subversión marxista en América Latina, superaron las huellas de la violencia política que los azotó, crecieron en cultura democrática y en economía de mercado, y progresaron económicamente.  En cambio, los que se enfrascaron en negociaciones de paz, solo terminaron permitiendo que los subversivos ganen tiempo e impunidad. La conciliación y el retorno a la vida política de los que integraron los grupos armados, ha impedido que esos países crezcan al ritmo de los otros.

Al margen del juicio moral que merezcan los distintos métodos que se utilizaron para obtener esas derrotas, países como Chile, Uruguay y Perú, le llevan una importante ventaja, en niveles y ritmo de crecimiento, a países como El Salvador y Nicaragua; y a Colombia le podría ocurrir lo mismo si sigue esos pasos. Los procesos de paz a los que se sometieron El Salvador y Nicaragua les sirvieron mucho más al gobierno cubano que a sus propios pueblos; el régimen de Castro ha usado siempre las negociaciones de paz en los países donde alentaba y alimentaba guerrillas, para negociar con los EE.UU. Y el caso colombiano no tendría por qué ser la excepción.

La utilización de la guerra y la paz, o más bien, el aprovechamiento del hartazgo que causa el conflicto entre cualquier población, ha sido usado siempre por los estrategas comunistas. Desde Lenin hasta Castro, la estrategia ha sido ofrecer la paz a cambio de la revolución: “Pues a la guerra solo puede ponérsele fin llevando adelante la revolución” (Lenin, Obras Completas).

 “Es el tiempo de la paz” repetía el presidente colombiano en mítines y presentaciones en televisión durante su última campaña; “cambiemos el miedo por la esperanza” añadía. Ojala que pronto él no tenga que cambiar su discurso; confiar en las FARC y en sus patrones cubanos podría ser el peor error de su carrera política. Lo peor es que lo pagará Colombia y los colombianos.

Fuente: Articulo Publicado originalmente en El Comercio con la la autorización de su autor.

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