Innovar no se planifica

El propósito de la “Estrategia nacional para el desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación” publicada por Concytec es fortalecer y mejorar la eficiencia del Sistema Nacional de Innovación. Ocupamos el puesto 122 sobre un total de 148 países en un ránking publicado por el World Economic Forum (WEF). Este plan pretende lograr que los resultados de las investigaciones atiendan las

El propósito de la “Estrategia nacional para el desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación” publicada por Concytec es fortalecer y mejorar la eficiencia del Sistema Nacional de Innovación. Ocupamos el puesto 122 sobre un total de 148 países en un ránking publicado por el World Economic Forum (WEF).

Este plan pretende lograr que los resultados de las investigaciones atiendan las necesidades del sector productivo, incrementar el número de investigadores “debidamente calificados”, mejorar la calidad de los centros de investigación, crear un sistema de incentivos para la innovación del sector privado, entre otras metas.

El problema parte de una concepción errada sobre cuál es el rol del Estado. Subsidiar un sector o una actividad, planificar la economía o promover la innovación no son labores estatales. Nuestros impuestos deben servir para que el Estado nos provea de ciertos bienes básicos, como la seguridad o la justicia.

La innovación corresponde a los empresarios que con la información que tienen deciden asumir riesgos sobre la base de lo que ellos consideran oportunidades. En este proceso arriesgan su capital y el de quienes estén dispuestos a apostar por sus ideas. Por cada empresario que tiene éxito innovando en el mercado hay cientos que perecen en el camino. La evolución social es un proceso de ensayo y error. Incentivar que este proceso se dé sin que se tengan en cuenta todos los costos que el riesgo de innovar genera nos hará menos productivos. La innovación realmente productiva está presente todo el tiempo en cada empresa que estudia cómo bajar los costos de sus productos o cómo hacerlos más atractivos para los consumidores.

¿Por qué, entonces, estamos en el puesto 122 del ránking en innovación?

La economía, como las innovaciones, no se puede planificar centralizadamente. El Estado no puede calcular exactamente qué requiere una sociedad. El conocimiento está difundido, no hay forma de saber qué es lo que la gente quiere o necesita en cada lugar, en cada momento.

El Estado tampoco tiene cómo saber en qué se necesita innovar.

Es loable que Concytec quiera fortalecer la innovación, pero está canalizando mal sus esfuerzos. La innovación llegará fruto de las iniciativas privadas. Solo se requiere que los privados puedan actuar libremente, así es que en lugar de pretender planificar la innovación determinando cuál debe ser la calidad de los centros de investigación o cuál el número de patentes o investigadores que necesita el país, deberían “innovar” eliminando las miles de trabas que existen para hacer empresa en el país.

Sin embargo, lo más crítico es que este plan considera el uso del erario público para incentivar la innovación en actividades que se consideran claves. Esto tiene un costo de oportunidad inmenso: lo que se destine a implementar este plan no podrá usarse en cosas más valiosas. Mientras no tengamos seguridad para la propiedad de los bienes físicos, difícilmente puede pensarse en un sistema eficiente de derechos de propiedad intelectual. Estamos en el puesto 135 del ránking del WEF en educación primaria; parece, pues, desatinado pensar que podamos tener científicos calificados. Estamos, además, en el puesto 111 del mismo ránking en desviación de fondos públicos; fondos, por otro lado, semejantes a los que financiarían este programa. Es sencillamente utópico pensar que funcionará.”

 

Tomado de Lampadia.com publicado originalmente en El Comercio, 27 de Junio del 2014.

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