En Lima sí hay sábados sin sol

La famosa afirmación “no hay sábado sin sol” tuvo su mentís en Lima, Perú. En sólo cinco horas de vuelo pasamos de un verano ardiente a un invierno húmedo. Fueron siete días grises, fríos y muy húmedos, en los que la cálida acogida de nuestros patrocinadores peruanos calentó nuestros cuerpos y el deseo de aprender algo nuevo.

La Habana. La famosa afirmación no hay sábado sin sol” tuvo su mentís en Lima, Perú. En sólo cinco horas de vuelo pasamos de un verano ardiente a un invierno húmedo. Fueron siete días grises, fríos y muy húmedos, en los que la cálida acogida de nuestros patrocinadores peruanos calentó nuestros cuerpos y el deseo de aprender algo nuevo.

Hasta el antiguo imperio de los incas fuimos cinco periodistas independientes cubanos invitados por el Instituto Político para la Libertad (IPL). Una institución dedicada a promover la libertad no sólo en Perú, sino en América Latina y en el mundo.

Era el segundo grupo de periodistas que viajaba a Perú, insertados en el curso–taller Periodismo Ciudadano Digital, y las Tecnologías de la Información y Comunicación.

En cuarenta y seis apretadas horas de contenido aprendimos sobre liderazgo, periodismo ciudadano, tecnologías de la comunicación, redes sociales y política. Nos impartieron clases prácticas sobre el uso de las Web apps, sobre WordPress, y sobre el diseño y creación de proyectos audio visuales.

Sólo de noche podíamos recorrer parte de la ciudad. Visitamos su centro histórico, y nos mojamos en su Parque del Agua. Fuimos de compras a la Gamarra, un centro comercial-industrial especializado en ropa y textiles. Allí tuvimos que caminar en fila india y enlazados de los brazos para no extraviarnos entre el hormiguero humano que abarrotaba el lugar.

Los restaurantes parecidos a nuestros paladares florecían casi en cada esquina. Excepto un colega, los demás cubanos no sucumbimos al encanto del cebiche, plato peruano consistente en pescado o marisco marinados en limón, lima, o naranja agria. A pesar de la insistencia de nuestro guía en vendernos el plato, nuestro paladar se rehusó a mostrarse cortés con nuestro anfitrión.

Preferimos el churrasco, y el pollo a la braza. Bebimos Inka cola, gaseosa peruana. Tomamos chicha morada, una bebida refrescante hecha de una variedad de maíz negro de granos grandes.

Vimos una ciudad limpia, calles y aceras cuidadas, wifi gratis en muchos lugares, comercios abarrotados de mercancías y comida barata para llevar de almuerzo. Farmacias atípicas a las cubanas, donde se puede encontrar desde un chocolate a un desodorante.

Inka farma, Inka banca, Inka cola, todo parece llevar allí el nombre legendario de sus reyes.

Nos faltó la otra cara de Lima. Allí donde otros peruanos aseguran que las casas no son tan lindas y las calles no están tan limpias. Razones de seguridad nos lo impidieron.

A diferencia de nuestra Habana, detenida en el tiempo, nos llevamos la impresión de que lima es una ciudad en movimiento, que apuesta por el futuro.

Al regresar a nuestra patria nos esperaba la policía política. Ordenaron a los aduaneros revisar nuestras maletas, y hurgar en cada bolsillo de nuestras prendas de vestir. Le sacaron fotos a nuestros peligrosos diplomas, y nos mantuvieron retenidos por espacio de una hora antes de dejarnos salir del aeropuerto.

A pesar de todo, nadie nos pudo aguar la fiesta, ni hacernos olvidar todo lo que aprendimos en Lima.

Julio Alvarez

Periodista independiente desde el año 2011. Trabaja regularmente con las páginas digitales de Cubanet, Cuba Prensa Libre, Primavera Digital y Diario de Cuba.

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