ACLARACIONES. No es puramente liberal

El mundo está polarizado y las fuerzas que existen solo son dos, por un lado los que entienden, respetan y defienden la democracia liberal, teniendo en cuenta que es la suma de un estado de derecho (donde la vida, la libertad y la propiedad privada estén puntualmente definidas y jurídicamente garantizadas) y una economía de mercado (que debe ser radicalmente libre de regulaciones estatales)

El mundo está polarizado y las fuerzas que existen solo son dos, por un lado los que entienden, respetan y defienden la democracia liberal, teniendo en cuenta que es la suma de un estado de derecho (donde la vida, la libertad y la propiedad privada estén puntualmente definidas y jurídicamente garantizadas) y una economía de mercado (que debe ser radicalmente libre de regulaciones estatales); y por otro lado los que, amparados en la miopía de su arrogancia, reniegan y aborrecen todo esto. Es una descripción bastante simple pero, en términos prácticos, así de sencillo es. Ahora, en función de esto, uno espera que los debates más interesantes y difíciles que se desarrollan en el ámbito académico se den entre liberales (los primeros) y colectivistas (los segundos). Sin embargo la realidad nos muestra que no es así, los debates entre liberales y colectivistas son aburridos, predecibles y naturalmente sencillos. El liberalismo, frente a cualquier presentación del colectivismo (marxismo, socialismo, social-democracia, nazismo, etc.), tiene de su lado la razón, la utilidad práctica, el sentido común y una profunda superioridad ética y moral. Esto es incontrovertible.

Sin temor a equivocarme, puedo decir que el oponente más difícil que tiene un liberal es otro liberal. En Perú esto quedó muy claro cuando el liberalismo decidió pronunciarse sobre la ley N° 30288, la famosa ley que trata de formalizar a un grupo muy grande de jóvenes que, digámoslo bien claro, están constantemente explotados por la informalidad.

Desde el liberalismo, tal cual lo digo en mi anterior artículo, tenemos muy claras las cosas: TODOS los liberales entendemos a la perfección que las leyes y regulaciones laborales son intervenciones estatales en materia económica, son descaradas intromisiones gubernamentales en relaciones contractuales, son, para decirlo en forma clara, la expresión básica de la fatal (aunque con alta dosis de estupidez) arrogancia de la que Friedrich von Hayek hablaba. Los liberales estamos de acuerdo en que el empleo, al ser una variable económica, está sometido a las fuerzas espontáneas del mercado y sus direcciones están definidas por la oferta y la demanda; con esto, el mercado no necesita ninguna regulación para cumplir su función coordinadora en la sociedad. Es más, el mercado es el único sistema económico que puede materializar la justicia en la sociedad, obviamente apoyado en el estado de derecho, en fin. Pero ¿qué sucede cuando se presenta una ley que, en términos reales, reduce los costos laborales de la formalidad? Simple, los liberales nos dividimos y se pierde el rumbo. Se marcan dos posiciones claras, la de quienes encuentran la ley absolutamente inútil por no significar una reforma cerradamente liberal en el mercado laboral y la de quienes encuentran la ley como una oportunidad para, de a pocos, ir materializando un mercado libre de intervenciones.

Así está el escenario, liberales divididos frente a colectivistas que dejaron de lado sus tensiones internas y se han unido para desinformar y manipular a cuanto joven inocente se asome. Yo soy liberal y entiendo la postura de los que rechazan con fuerza la ley, antes he marcado posición al respecto y me sumado a sus certeras y contundentes críticas; sin embargo, ahora he salido públicamente a defender la lógica detrás de la ley, entiéndase, el fondo del asunto. La medida, pese a no ser una reforma estrictamente liberal, termina siendo el primer paso hacia la liberalización laboral, mientras sigamos con la rigidez impuesta en el mercado laboral, el desempleo y la pobreza seguirán existiendo y seguiremos la misma lógica mediocre que solo ha logrado distribuir miseria y necesidad por todo el país.

A todos los que quisieran una reforma radical, amigos míos, si hoy se aprueba una reforma que elimine los derechos laborales para dar lugar a un mercado laboral libre de intervenciones y regulaciones, mañana mismo tenemos al 95.5% de personas en las calles paralizando al Perú. La utilidad de esta ley está en lo gradual, las reformas graduales, no son lo que quisiéramos pero son funcionales, hay que entender eso por favor.

Apoyaría sin pensarlo dos veces cualquier propuesta liberal que termine de una vez por todas esas absurdas ideas que giran en torno a los derechos adquiridos y las conquistas sociales, no dudaría en salir al frente para respaldar cualquier alternativa que termine de una vez por todas la manía intervencionista de los gobiernos. Pero aquí hay un pequeño GRAN problema, en la agenda nacional no existe propuesta liberal alguna. Y mientras no tengamos algo que defender, ¿nos quedaremos reflexionando en Facebook sobre nuestra pureza ideológica?, ¿seguiremos tomando café mientras alimentamos nuestra vanidad intelectual con críticas y ninguna propuesta?, ¿dejaremos que el colectivismo tonto y ramplón siga su proliferación? Tenemos dos alternativas, seguir una discusión estéril sobre la ley, o marcar el terreno para hacerle frente a los fanáticos del Leviatan. Liberales y libertarios, el balón siguen en nuestra cancha, que les parece si jugamos y dejamos de perder el tiempo.

(1)

Erick Flores

Coordinador General del Instituto Amagi Huánuco, miembro del Instituto Político para la Libertad y becario de la Universidad de la Libertad.

Loading Facebook Comments ...

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *