Frente al olvido, la libertad, por Pedro Urruchurtu

Como defensores del principio de la libertad y el estado de Derecho, el Instituto Político para la Libertad (IPL) Perú recomienda leer y reflexionar lo analizado por el participante de la IX edición de la Universidad de la Libertad (UDL), Pedro Urruchurtu. Él hace un llamado a sus compatriotas y los insta a defender y luchar por la verdad y la libertad, con el objetivo de alcanzar un mejor futuro para Venezuela, alejado del populismo y los enemigos de la libertad. IPL Perú defiende lo escrito por este columnista y se solidariza con la crisis que hoy afecta a este país. A continuación les compartimos el siguiente artículo.

Frente al olvido, la libertad

Hace unas semanas leía un tuit de @Crisdat que decía: "tantos años nos durmieron elogiando a la paciencia como virtud, que olvidamos la utilidad de desesperarse a tiempo".

En medio de su crudeza, para muchos, propios y ajenos, ha sido difícil entender la naturaleza del modelo que gobierna hoy a Venezuela, haciéndonos atravesar la crisis más dramática de toda nuestra historia republicana.

Pareciera que el día a día transcurre entre colas cargadas de enorme desilusión convertida en costumbre. El silencio de la conformidad retumba en las paredes de las envejecidas calles de un país que se vende ante el mundo por sus riquezas, pero muestra ante nosotros la miseria como producto de su destrucción; tenemos una Venezuela gris.

Llegar al espíritu de una nación, arrebatar sus principios y valores para transformarlos en el gobierno de la inmoralidad y la perversión, construir una sociedad pobre en alma y esencia y convertirnos en vasallos de la verdad oficial, ha sido el más oscuro plan de quienes hoy tienen el poder.

La verdad es que ya en Venezuela, desde hace mucho tiempo, no hace falta estar en una cárcel para dejar de sentirnos libres. Nuestra libertad ha sido secuestrada en todos sus aspectos y el miedo es la principal celda simbólica que intenta hacernos prisioneros de un modelo en el que pensar distinto, vivir mejor y soñar el futuro que cada uno quiere nos coloca automáticamente en nuestras frentes la palabra "enemigo". En realidad, esa sensación es como la del pez que entiende cuán vital es el agua para él solo cuando está fuera de ella.

Sin embargo, hoy soy más optimista que nunca. Viéndonos y apreciando cuánto tenemos para aportar a Venezuela, me niego a creer que las únicas opciones para salir de esta tragedia sean la bala o el avión; sí, una bala que acabe con nuestras vidas o un avión que haga de esas vidas un nuevo lugar.

Somos como un resorte oprimido por el dedo de un Estado que intenta doblegarnos y presionarnos hasta que no podamos saltar más. Hoy la situación demanda un liderazgo moral que nos impulse a reconquistar la libertad y la grandeza, y puedo decir que cada uno de nosotros sabemos lo que tenemos que hacer y tenemos la fuerza para hacer que el resorte venza al dedo; y es que al final, la convicción moral es el único terreno en el que quienes gobiernan a Venezuela no pueden competir con nosotros porque sencillamente todas sus acciones carecen de ello.

Puedo decir que la moral, los principios, los valores y la política con ética se cansaron de ser olvidados. Se han rebelado frente a la intención de quienes avanzan pretendiendo exterminarles. Hoy son el único escudo frente al poder de un Estado que comete la mayor de las traiciones a una nación que merece ser próspera y libre y a la cual no podrán doblegar. Por ello, no luchamos por mejorar las condiciones de cautiverio o por tener más orden dentro del control; estamos luchando por reconquistar la libertad.

Es una rebelión contra el olvido; contra el inútil olvido, porque al final se trata de la libertad y la libertad siempre –siempre– es victoriosa.

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