Reflexiones sobre la libertad en América Latina, por Marco González

El participante de la IX edición de la Universidad de la Libertad (UDL), Marco González, analiza y reflexiona sobre la realidad de Venezuela, su crisis económica y las restricciones impuestas por el Socialismo. También expone sobre la debilidad de las instituciones políticas en ese país. Él convoca a los jóvenes a conquistar y defender la libertad. IPL. Perú respalda lo dicho por este columnista y se solidariza con la crisis política y económica que hoy afecta a este país. A continuación les compartimos el siguiente artículo.

Reflexiones sobre la libertad en América Latina

Hace poco estuve en un seminario juvenil en Chile. Conversé sobre la realidad de Venezuela, le comenté preocupado, a uno de los chilenos que nos acompañaba, la enorme similitud del Chile actual con la Venezuela de mediados de los 90. Chile parece estar muy bien, el entorno se ve prospero, la ciudad pujante, pero el chileno triste, amargado y desesperanzado. Bastó con conversar con un taxista, una vendedora en una tienda y una joven en la cola del autobús para entender que el chileno común cree vivir en un país sin oportunidades e injusto. Creen poco en los políticos y el sistema de partidos, además consideran que los empresarios también son corruptos y malintencionados. Le decía a mi compañero que hay un caldo de cultivo idóneo para que lo que pasa en Venezuela se repita en Chile. Para mi sorpresa me respondió: “No vale, yo no creo. Eso no va a pasar aquí. Chile no es Venezuela”.

Pasé mi infancia escuchando las historias de Cuba; historias de colas para comprar comida, de adoctrinamiento a los niños en escuelas, la escasez de productos de aseo personal y medicinas o la falta de servicios de agua, internet y luz. Cuando se planteaba la posibilidad de terminar como Cuba, siempre había quien respondía: “No vale, yo no creo. Eso no va a pasar aquí. Venezuela no es Cuba”.

A pesar de eso, parecía una profecía que se iba cumpliendo. Todos los días amanecíamos con una restricción nueva. Fueron más rápidos los cambios que la capacidad de la gente de asimilarlos. Hoy  según el índice de libertad económica del Heritege Fundation, Venezuela se encuentra en el puesto 176 de 178 países. Venezuela será igual o peor a Cuba si continúa el camino que lleva.

El socialismo puede llegar a todos los rincones del planeta, sin distinción de latitud, idiosincrasia o cultura. Es una amenaza pública que debe ser tomada en serio, sin importar en que parte de la tierra aparezca, pues en todos los lugares en los que se ha llevado a la práctica ha traído el mismo resultado: la pobreza.

No podemos aspirar a una sociedad próspera mientras se sigan intentando experimentos sociales que renieguen de la naturaleza humana. Los hombres nos civilizamos porque descubrimos que determinados comportamientos nos garantizaban bienestar y supervivencia. Reconocer la propiedad y la invención del comercio terminó con las barbáricas invasiones de unas poblaciones a otras, el robo y el saqueo fueron reemplazados por intercambios pacíficos. La invención del dinero hizo que estos intercambios se tornaran cada vez más equitativos. El trabajo consensuado reemplazó a la esclavitud. Instituciones como el dinero, el mercado, el lenguaje, el derecho y la moral son elementos que fueron desarrollándose espontáneamente y gracias a estas instituciones es que hoy puedes salir de tu casa y tener certeza de que al volver no habrá un invasor reclamando la propiedad de la misma. Lo anterior es justamente lo que está en juego en América Latina. Una sociedad que use la fuerza, para destruir a las instituciones que la humanidad creó para su supervivencia y para mejorar su situación, terminará por destruir a la civilización.

No todo está perdido, de hecho es el mejor momento para la libertad en el mundo. El experimento comunista en América Latina se marchita con los escándalos cada vez más notables de la vida en Venezuela. El líder de la revolución murió, su chequera se secó y sus seguidores ya van abriendo los ojos y descubriendo que el único legado es hambre y miseria. Entonces, ¿ahora qué sigue?, pues el mundo debe seguir avanzando en conquistar la libertad. Seguir forjando instituciones, que protejan los derechos fundamentales del hombre, debe ser la labor de quienes luchamos por la libertad.

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