Haití: el espacio de un parpadeo, por Aurora Rebolledo

Los genios no hacen el humanismo y la cultura, sino que la desprenden de la creación colectiva, genialmente la subliman de la vida vivida del pueblo, único auténtico maestro del pensamiento y el amor.

Jacques Stephen Alexis, escritor haitiano

Estar unos días en el país que con cariño he decidido llamar Mon pays, Haití, ha sido una experiencia gratificante. El primer día, cuando empezaba a sentirme un poquito lejos de casa, oí que alguien llamó: ¡Auroraaaaa! Volteé y en una mesita estaban sentadas Paty y Yesi de IPL. Me invitaron a sentarme con ellas y desde ese momento supe que estaría acompañada de personas que me harían sentir como en casa. El equipo IPL y los jóvenes haitianos me mostraron su solidaridad desde el principio.

Tuve la oportunidad de caminar y caminar por algunas callecitas de Puerto Príncipe. Ver a varios grupos de haitianos reunidos en los parques discutiendo de diversos temas. “Parece que los haitianos estamos peleando cuando hablamos”, me dijo mi amigo Elinet. Más bien, pienso, el origen de su lengua, el créole, demanda que se pronuncie con fuerza. Su lengua es en sí misma una forma de resistencia y lucha.

Mi acercamiento con la cultura haitiana había sido sólo a través de libros, de manera que conocía un poco de ese país y algunas de sus manifestaciones artísticas y religiosas. Pero estar en Haití me ayudó a comprender que, a pesar de las diversidades culturales, los países latinoamericanos compartimos muchas de nuestras realidades; por ello estamos en busca, entre otras cosas, de espacios incluyentes para todos los grupos de la población. En una plática con Pedro, compañero venezolano, comentamos que a veces los países de América Latina continental hacemos una diferencia marcada frente a los países caribeños, sin reparar en que hemos atravesado por coyunturas políticas, sociales y económicas similares.

Conocí a dos integrantes de una organización de Mujeres para la Libertad, Stephanie y Catia, con quienes hablé sobre la pulsante violencia de género que se vive en nuestra región. Puede acercarme, entonces, al trabajo de otras mujeres que promueven la libertad y la igualdad de género.

Durante el Primer Congreso Nacional de Jóvenes Haitianos vislumbré las inquietudes de algunos jóvenes que, desde distintos ámbitos, están trabajando por el cumplimiento de los derechos humanos para la sociedad haitiana. La dinámica de los temas que se abordaron en el congreso propuso el respeto, la participación y el debate entre los jóvenes asistentes. ¿Por qué es importante un enfoque de género cuando se reflexiona sobre la sociedad haitiana (una sociedad conformada en su mayoría por mujeres y ─por circunstancias de migración─ con un gran número de familias monoparentales sostenidas por ellas)?, ¿por qué es urgente hablar de democracia?, ¿cómo los jóvenes pueden contribuir en la creación de espacios democráticos? fueron algunas de las preguntas que se plantearon en este congreso.

Regresé a México con la satisfacción de andar por primera vez en Mon pays y de conocer a personas que trabajan colectivamente con la esperanza de que las sociedades pueden tornarse mejores para toda la humanidad.

 

 

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