Bolivia y Venezuela: lucha y resistencia por la libertad

Por Fabiana Santamaría

El hecho de ser abogado en Venezuela hace que se vuelva una tarea difícil pensar en el concepto de Estado de derecho sin sentirse indignado. Si bien es cierto que en mi país existe una gran cantidad de leyes, la realidad es que estas no se cumplen y su interpretación se usa para beneficio de quienes ostentan el poder. En teoría, un Estado de derecho debería proteger y dar garantías a los ciudadanos, pero ¿qué ocurre cuando dicho Gobierno utiliza sus leyes justamente para atentar contra los derechos de su pueblo? En Venezuela, los ciudadanos no somos libres. Los jóvenes somos considerados terroristas y la ley es simplemente un instrumento más de la injusticia que reina en estos tiempos.

Luego de haber participado en la Universidad de la Libertad (UDL) en Santa Cruz, Bolivia, y de haber compartido con líderes de Latinoamérica, entendí que Venezuela es un ejemplo para el mundo de lo que no debe ser un Gobierno. Entendía, además, que los jóvenes venezolanos somos un ejemplo de lucha y resistencia. Al estar en Bolivia, un país gobernado por la misma ideología que la nuestra, pude notar que, si bien políticamente están padeciendo males, a nivel económico se encuentran aún estables y no están sufriendo la escasez de medicinas y alimentos que sí ocurre en Venezuela. Ellos están en la primera etapa de lo que significa el socialismo del siglo XXI. Era duro escucharlos decir “no queremos terminar como ustedes”. Ahí comprendí que todos somos hermanos: parte de un continente que durante generaciones ha luchado contra dictaduras y totalitarismos. Debemos apoyarnos y no defender solamente nuestro límite de tierra, pues la libertad no debería tener fronteras. Así, mientras exista un solo hermano de la región siendo oprimido, ninguno podrá gozar de verdadera democracia.

Es lamentable darse cuenta que, a los ojos del mundo, Venezuela es aquello que otros países no quieren llegar a ser. Sin embargo, esa situación, también nos da un impulso más para demostrar que si nosotros podemos recuperarnos, el resto tiene la esperanza de hacerlo. La historia nos ha mostrado que salir adelante es posible. Por lo tanto, debemos seguir cosechando alianzas y estrechando lazos para construir ese mundo en el que los jóvenes podamos vivir y ser felices.

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