Situación económica actual de Bolivia

Por Andrea Arispe

Si tuviera que describir la situación actual de Bolivia, empezaría con un pañuelo de lágrimas. Bolivia ganó más dinero en los últimos 15 años de lo que percibió en toda su historia económica. Quienes hemos vivido en Bolivia, somos testigos del denominado proceso de cambio que se ha vivido durante el mandato del presidente Evo Morales.

Si hablamos de economía, Bolivia tiene uno de los crecimientos más grandes de la región desde hace varios años. El Ministerio de Economía y Finanzas Públicas afirma que esto se debe al modelo económico social comunitario productivo; sin embargo, la razón principal es el gran ingreso de divisas por efecto de la subida de precios del petróleo y del gas natural.

Este auge económico no ha sido aprovechado en su máximo esplendor, pues no se han buscado actividades económicas alternativas para diversificar la economía. Un 80% de las exportaciones bolivianas aún dependen de la extracción de recursos no renovables, situación alarmante, considerando que se cuenta con sectores con un desarrollo potencial como el agroindustrial, el de turismo y el de servicios.

Según reportes oficiales del Estado boliviano, la inversión pública ha crecido vertiginosamente. La deuda externa asciende a 9 000 000 000 USD. No obstante, economistas externos afirman que la deuda externa es de 16 000 000 000 USD. Por lo tanto, cada ciudadano boliviano debería alrededor de 2500 dólares este año. De todos, los jóvenes son los principales afectados pues son quienes deben enfrentar la deuda en el futuro.

Se cuestiona la administración de varios proyectos, licitaciones, fondos y empresas sociales. Existen varias denuncias de las cuales muchas aún no están resueltas. Esta situación provoca cada vez mayor desconfianza en la población.

Las condiciones para invertir se tornan difíciles. Se ha formado un aparato estatal controlador y fiscalizador que cercena los emprendimientos a través de los impuestos, añadiendo una carga social bastante alta. Hace un tiempo, se anunció un posible “doble aguinaldo” y un aumento del salario mínimo nacional del 5,5%. Además, se aprobó la “Ley de Empresas Sociales”, la cual permite a los trabajadores tener la administración y el control de la empresa en caso de que esta se encuentre en quiebra o en caso que los propietarios no “puedan” administrarla, colocando, con esto, en peligro al principio de la propiedad privada. Por otro lado, no es claro el pacto fiscal de distribución económica. Bolivia se considera un Estado con autonomías, otorga responsabilidades a las regiones, pero no les brinda los recursos económicos para poder cumplir con sus obligaciones. Por el contrario, las regiones deben aportar parte de sus recursos al nivel central.

A mi parecer, lo más preocupante es la institucionalidad boliviana. Existen leyes de interpretación ambigua destinadas a perseguir a quien se oponga a las medidas impuestas desde el nivel central. En un entorno latinoamericano en donde el modelo populista está en decaída, Bolivia actualmente es el último bastión de resistencia. La situación económica aún es “sostenible”.

Pero, ¿por cuánto tiempo lo será? La informalidad, el contrabando y el comportamiento tradicional altamente colectivista ha permitido sostener el desmedido y ‘prebendalista’ gasto. Esta situación constituye una burbuja que tarde o temprano estallará, evidenciándose una crisis de gran magnitud.

A pesar de estas connotaciones, los bolivianos se encuentran más despiertos. El control social hacia el cumplimiento de la ley está aumentando y se perciben plataformas ciudadanas apartidarias que buscan fortalecer el Estado de derecho y el cumplimiento de la ley.

El problema aquí expuesto constituye una encrucijada difícil de resolver. No obstante, se vislumbran nuevos liderazgos, nuevos pensamientos y nuevas ideas que se encaminan a resolver el dilema boliviano.

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