Las ventajas de vivir en libertad

 Por Carlos Cobo (Ecuador)

A pesar de que muchos economistas, filósofos y escritores llevan muchos siglos predicando las ventajas de la libertad individual, la propiedad privada, la libre competencia, las ventajas del libre mercado y el derecho de cada ciudadano a tomar sus propias decisiones, estad ideas han tenido muy poco éxito en el ámbito intelectual, sin poder explicar claramente el costo que genera la intromisión estatal en la economía, y en la vida de cada ciudadano.

En América Latina, nuestros gobernantes se han dedicado a adoctrinar a los ciudadanos en contra de la libertad. Nuestra educación gira en torno a las ideas de redistribución y la igualdad para todos, enseñándonos que somos egoístas por buscar la libertad individual, haciéndonos creer que el gobierno es una fuente inagotable de soluciones. En países como el Ecuador, estamos tan acostumbrados a esta educación que aceptamos perder nuestra libertad a cambio de un poco de estabilidad.

Hemos crecido acostumbrados a vivir bajo un Estado paternalista encargado de todas nuestras necesidades. La mayor parte de nuestro comercio se encuentra bajo el control estatal, responsable de hacer que nuestro país experimente un estancamiento económico, con servicios públicos nada eficientes, mercados laborales intervenidos e instituciones dedicadas a regular la economía y la vida de los ciudadanos.

Esto demuestra que el sentido común no ha sido suficiente para que todos los ciudadanos entiendan el beneficio que la libertad trae a las naciones. Las personas continúan creyendo en la palabra de políticos, sindicatos, empresarios, periodistas e incluso de la gente en general, acerca de que no debemos abrir nuestros países al resto del mundo para evitar la competencia injusta y que la libertad de los ciudadanos comunes termina con el libertinaje. Sin embargo, ninguna de estas creencias son ciertas. Los motivos reales para evitar la libertad son el miedo al cambio y el temor de las élites al progreso de los ciudadanos comunes.

A mí también me enseñaron que estaba bien gastar el dinero de los demás, a aceptar que el Estado puede regular la economía, que puede crear prosperidad y riqueza, que puede decidir sobre la vida de los ciudadanos para evitar que estos cometan errores. Por un momento, llegué a pensar que esas ideas podían ser verdad. ¿Por qué no lo sigo creyendo? Porque me encanta leer y aprender. Si buscaba la libertad e independencia, no podía pedirle nada a un burócrata, sería una contradicción. Estaba totalmente en contra de lo que yo creía. Aprendí que no podía confiar en todo lo que enseñaban mis profesores y que la teoría socialista solo es perfecta en el papel y en el imaginario de quien decide creerlo sin mirar y aprender de la realidad. Es solo en una sociedad libre donde cada individuo tiene la potestad de elegir los medios que mejor le convengan para obtener sus fines y buscar su propia felicidad, lo que a su vez mejora las condiciones de toda la sociedad.

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