Libertad, democracia y Estado de derecho

Por Sebastián Abella (Argentina)

Es imposible razonar sobre la libertad sin razonar la comprensión previa de que la misma se apoya encima del férreo pilar de la propiedad privada. La defensa de este ordenamiento - basado en la propiedad privada- no debe descansar sobre un punto de vista puramente económico que sitúe en un pedestal la increíblemente mayor eficiencia económica alcanzada por los individuos que producen libremente. Es necesario adentrarnos en los confines espirituales del desarrollo humano adentrarnos en los confines espirituales del desarrollo humano, no en la mera eficiencia económica, sino que en el florecimiento del espíritu, al otorgarle la capacidad de vivir bajo su propia determinación y responsabilidad, la libertad le otorga al ser humano su más formidable virtud.

A su vez, los ciudadanos que necesariamente chocan en intereses pueden convivir si se mantienen determinados lineamientos considerados colectivamente como morales o éticos, y si se respetan entre ellos. La comunicación e interacción entre estas personas morales es posible en la aceptación implícita del previo respeto recíproco, el que posibilita la existencia posesión y disposición sobre sus propias personas, los bienes y la riqueza económica, es decir, la libertad individual; y solo a partir de la individualidad es posible la supervivencia del orden moral, de la sociedad misma.

Por ello, en una democracia el soberano no debería ser el pueblo, sino todos los ciudadanos. El pueblo es una abstracción, cómoda pero al mismo tiempo falaz; los individuos motivados por sus propios intereses son el meollo de la cuestión.  En línea con el asunto, en la base de las democracias modernas están las declaraciones de los derechos del hombre y del ciudadano, es decir, una concepción individualista de la sociedad.

La introducción realizada pretende indagar en el hecho de que pueden existir sistemas que aun siendo democráticos vulneran las libertades individuales de las personas y que, junto a los derechos humanos y el Estado de derecho, son hasta incluso olvidadas por quienes debieran liderar. Tal es el caso del populismo en América Latina, donde poco a poco los dirigentes corruptos de la región han amalgamado el poder en aras de desmantelar instituciones, prescribir constituciones, cambiando códigos y leyes y por sobre todo, restringiendo libertades individuales y de comercio de los habitantes.

Sobre el avance histórico del populismo en la región se desprende la importancia del carácter republicano en la democracias, es decir, de un sistema político que proteja las libertades individuales y que especialmente se fundamente en el derecho, en la ley como expresión de la voluntad soberana de los ciudadanos, a la que no se le puede sustraer nunca su gobierno legítimo.

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