Libertad y democracia

Por Daniel Mayorga (Ecuador)

Quienes creemos en la libertad como máximo valor y más preciada posesión del ser humano, la defendemos de manera integral frente a todo aquello que amenace con censurarla o fragmentarla. Un ejemplo de este tipo de desafíos a los que nos enfrentamos es la manipulación semántica de las palabras, y su popularización entre el resto de los ciudadanos. Hay una palabra especial por su muy popular aceptación y por su estrecha relación con la corrección política: la democracia. La consideramos justa, infalible y necesaria para la vida en sociedad. Sin embargo, su significado se ha tergiversado a lo largo de los años y ha perdido su esencia, bastante ligada a la libertad. Es por ello que en espacios de debate y formación los jóvenes nos vemos llamados a entrar en la discusión , replantearnos la razón de ser de las cosas y prepararnos para reconquistar el significado de las palabras a fin de defender la libertad.

Democracia y libertad pueden verse o muy distantes una de otra o extremadamente ligadas y cercanas. Para ello, hay una palabra clave: poder. Si el poder lo entendemos como la capacidad para ejercer nuestra voluntad respecto a nuestras vidas, y dicho poder existe en cada una de las personas, de lo que estamos hablando es del pleno ejercicio de nuestras facultades, la mismísima libertad. Sin embargo, sucede que lo que hoy se entiende por democracia no es el poder sobre uno mismo sino la capacidad de otorgar a otros el poder sobre sí, pero también dar poder a otros sobre otros.

El poder de la mayoría sobre otros es dominio de la mayoría, mientras que el poder de la gente sobre sí es democracia. Esta blinda a los individuos de la voluntad de terceros, porque el derecho a elegir de unos es idéntico al de otros de hacer lo propio, por tanto, los límites de la democracia son los límites de la libertad. Si esta relación no se entiende, no se debe a la contundencia de los argumentos en contra de la presente tesis, sino a la debilidad de quienes no hemos sabido defender a la libertad de forma adecuada y hemos permitido que nos arrebaten los nombres de las instituciones que nos dan la autonomía y dominio sobre nuestras vidas. Por lo tanto, debemos reconquistar la democracia y utilizarla como escudo ante aquellos que pretendan atropellarla.

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