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La mujer que enfrentó la Revolución de Castro

Durante más de tres décadas trabajó para el gobierno de Fidel Castro. En 1994, con 51 años y después de muchas decepciones,  renunció a la que ella misma llamó “falsa Revolución” y devolvió las condecoraciones que había recibido en su país por su trabajo como médica en el Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren). Sin duda, desafió a Castro y su Revolución. Hoy, vive en Argentina con su hijo y nietos; y preside la Asociación Civil “Crecer en Libertad” que defiende la institución familiar, la libertad y la doctrina del amor, y que promueve el perdón y la paz.

Hilda Molina nació en 1943 en Camagüey (Cuba). Desde muy corta edad manifestó interés en trabajar y ayudar a los más pobres. “Yo era dueña de una personalidad adulta y de un hermoso proyecto de vida, ejercer la medicina al servicio de los pobres y desvalidos. Pero sin siquiera presentirlo, me sorprendió el acontecimiento que cambiaría radicalmente la vida de mi patria y mi propia vida. El 1ro de enero de 1959, Fidel Castro llegaba al poder prometiéndonos ‘una revolución democrática y humanitarista’. Tenía yo entonces quince años”, contó la médica en el discurso que dio el 10 de diciembre del año pasado al ser declarada Personalidad Destacada en el ámbito de los Derechos Humanos en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

La jovencita Hilda Molina había sido convencida, como muchos otros cubanos, por un Fidel Castro que prometía una Cuba sin las injusticias que a ella tanto le angustiaban. Así, se comprometió también a trabajar por aquel sueño. Sin embargo, a medida que pasaban los años, se iba dando cuenta de situaciones complejas y negativas que contradecían el discurso oficialista.

“Mi decepción creció hasta hacerse irreversible. Decidí que el único lazo que me ataría a ese proceso, sería servir a mis compatriotas afectados por graves enfermedades neurológicas; y lograr que ellos pudieran contar con los avances científicos ya disponibles en los países desarrollados”.

En 1989, Molina fundó y dirigió el Ciren, institución que logró hacerse de gran prestigio a nivel nacional e internacional. También fue diputada de la Asamblea Nacional del Poder Popular. En esos años, era muy cercana a Fidel.

Pero en 1994, finalmente rompió su relación con el régimen cubano. La causa principal era la decisión del gobierno de que el Ciren brindara su servicio exclusivamente a los extranjeros que pagaban en dólares y dejara de lado sus compatriotas pobres. En ese momento decidió dejar aquella dictadura de la cual confesó ser víctima.

Hilda Molina tiene ahora 72 años y aún tiene fuerzas, aunque desde el exilio, de desmentir al gobierno cubano y denunciar las tantas violaciones a los Derechos Humanos que ha cometido. Hoy, la recordamos por el Día Internacional de la Mujer.

“Durante siete lustros acompañé a una dictadura, que con imagen de revolución humanitarista, nos sometió a penurias y a sacrificios inmensos, prometiéndonos que crearíamos una sociedad perfecta. Más de medio siglo después, el saldo final es una Cuba donde el vicio ha sentado cátedra, donde la corrupción, que entrelaza al poder con la marginalidad se ha tornado endémica; y donde las inequidades socio-económicas que privilegian al delito y no al mérito, hieren profundamente el alma de la Patria”.

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