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No queremos ser Venezuela

Por Alejandro Cruz

El pasado 20 de mayo de 2018, se llevaron a cabo elecciones en Venezuela. Nicolás Maduro fue reelecto como presidente. Su toma de mando se dio en medio de protestas e indignación internacional. Ello hizo que el grito de “¡No queremos ser Venezuela!” se expanda por más países, como por ejemplo, Colombia y México. El problema no reside en el miedo a la ideología, sino en la poca claridad de los procesos electorales, el poco o nulo respeto a las libertades y derechos, y el hecho de que el Gobierno es capaz de satisfacer sus caprichos por encima de la necesidad de su población.

El “no querer ser Venezuela” funcionó en Colombia. Una actitud separatista, entre los “buenos” y “malos” ahora invade México. No se vive un Estado de derecho. La ciudadanía ha estado quebrantada, no se tiene confianza en las instituciones, las leyes no se aplican de forma adecuada.

Evidenciar la importancia que las personas jóvenes tenemos en la reconstrucción del tejido social, como un agente de cambio, disminuye la desidia y rompe prejuicios que afectan al desarrollo. Tras los terribles acontecimientos sísmicos del año pasado, la colaboración y unión han tomado protagonismo: las y los jóvenes hemos tomado las calles para actuar, para ayudar. Es necesario construir una ciudadanía responsable y es inevitable incrementar la exigencia de un Estado de derecho pleno, y de que familiaricemos con la cultura de la legalidad, de modo que nos conformemos como una ciudadanía participativa.

Existe crecimiento, pero no de forma competitiva frente a otras economías; y hoy, propuestas como quitar el impuesto del IEPS, programas de asistencia social, apoyos económicos a las “Amas de casa”, entre muchas otras que colocaron a AMLO en “un área populista”, son replicadas y maximizadas por los otros candidatos. Entonces ¿Anaya, Meade y el Bronco representan también al populismo que tanto cuestionaron? De ser el caso, según sus propias palabras, las propuestas populistas triunfarán y, por ello, estamos destinados a ser Venezuela… ¿O acaso solo era un simple discurso y/o una estrategia política? Nos deja para reflexionar.

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