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Ser LGTB, entre el reconocimiento y la libertad en territorio populista

Por Juan Ignacio González (Argentina)

Desde hace años se impulsan en Latinoamérica políticas públicas que pretenden reducir las desigualdades entre géneros, concientizar sobre la diversidad sexual y lograr el reconocimiento político y humano de estos grupos que dentro de sociedades cimentalmente conservadoras, fuertemente doctrinarias y nacionalistas fueron relegados a los márgenes, muchas veces, de su propia condición ciudadana y criminalizados por sus identidades no arquetípicas[i].

En la última década se vieron grandes avances sobre el reconocimiento estatal en la región: matrimonio igualitario, leyes de identidad de género, políticos gay friendly, y así. Esto fue resultado de un sector de la población que supo librar batallas para lograr ocupar el lugar que les corresponde, y otros sectores que entendieron que debían ser aliados con un mismo objetivo: la igualdad ante la ley. Una premisa intrínsecamente liberal.

Cada país avanzó sobre esto en distintas proporciones, cada uno asegura las libertades individuales de acuerdo con sus conciliaciones internas, pero la mayoría (los democráticos) se movieron un poco más hacía el siglo XXI en la tolerancia a la diversidad.

Sin embargo, ni lento ni perezoso, el estado [ii]supo apropiarse de estas banderas. Por un lado, aprendió a utilizarlas como pantallas para orientar la agenda pública y mediática hacia sus conveniencias inmediatas y, por el otro, para construir una identidad “moral e inclusiva” que suceda a sus ineficiencias y desidias.

En su intento de presentarse inclusivo, el estado hace lo que sabe hacer: populismo y tratar de tapar con políticas “parches” los daños estructurales que no saben ni están dispuestos a resolver. ¿Cómo solucionan las problemáticas en grupos vulnerables si no lo hacen con las mayorías que ya cuentan con mayores privilegios?, ¿cómo pueden asegurar la seguridad de las personas trans si el crimen rige las urbes, si la prostitución que es la principal fuente de trabajo se criminaliza?, ¿cómo garantizar justicia a determinado grupo en un país con república deficiente?

Estos grupos tienen problemas particulares vulnerabilidad, pero que nunca se podrán saldar sin una república con estado de derecho fuerte, porque si no es por medio de la igualdad ante la ley para todos los ciudadanos, el estado coarta a estos grupos para avanzar sobre ellos y mantenerlos dependientes y sometidos a su poder.

Se puede legislar sobre discriminación positiva, sobre campañas antidiscriminazación y institucionalizar el lenguaje inclusivo, pero eso es solo reconocimiento. ¿De qué sirve tener treinta trans que no saben leer en una oficina del estado si no funcionan? El estado no es caritativo ni altruista.

Abusa de estas acciones para mejorar su imagen, pero no mejora las condiciones de base. Hay claras relaciones entre los países con mayores libertades económicas e individuales con las LGBT, pero acá insisten en acabar con las desigualdades con leyes estéticas, costosas e ineficaces, suponiendo que este último sea el problema, que no lo es.

Todos somos desiguales, de lo que se habla es crear las condiciones para que las personas puedan tener opciones de vida, sino estamos hablando de un socialismo que nos devuelve al principal error que tuvo Marx en sus manuscritos y que ya deberíamos tener asumido como tal.

El reconocimiento es crucial para lograr ocupar el espacio debido en la sociedad, por eso la bandera LGBTQ+, las marchas del Orgullo y las gay parties son el planteo unívoco de una fuerza política que grita llena de glitter “¡acá estamos!”. Se critica mucho el colectivismo de esto, y creo que es válido pues detrás de estos están los hilos de los partidos políticos que tratan de expropiarlos para su uso selectivo, pero de igual manera, subyace la libertad individual como fuerza motriz de este impulso revolucionario que hace frente a los convencionalismo liberticidas.

Las motivaciones LGBTQ+ son esencialmente apartidarias, aunque hacia adentro se disgreguen en subgrupos que responden a partidos. Eso es común e inevitable en cualquier organización social plural, pero es innegable que la que nos compete es transversal a toda la sociedad.

Para concluir, el reconocimiento que puede dar el estado es un paso que no sirve si no se existe una república sólida con estado derechos que garantice la libertad de todos los individuos para que estos puedan progresar y ser quienes sientan.

[i] Restrepo, Eduardo (2007). Identidades: planteamientos teóricos y sugerencias metodológicas para su estudio. En revista Jangwa Pana. Universidad de Magdalena, Santa Marta, Colombia.

[ii] “El estado” es una generalidad, no me refiero a ninguno en particular, aunque pueda tender a plantear mi punto con referencia a las situaciones de mi país.

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