Artículos

La importancia del activismo LGTBIQ+ entre los liberales

Man's hand painted as the rainbow flag on other hands background

Por Lis Carolina Dadá

En la actualidad los aparentes híbridos políticos y cambalaches ideológicos han puesto en consonancia  la siguiente cuestión: ¿se puede ser liberal, o más bien, conviene ser liberal y defender la diversidad sexual?

El problema parece estar en la no coexistencia de los proyectos vitales de (llamemos) conservadores frente a igualitaristas donde aparece una cuestión fundacional del liberalismo muy esclarecedor: todas y cada una de las personas poseen un mismo derecho a la libertad. Sin esa igualdad jurídica no hay libertad posible.  Esa la afirmación jurídica que llevó al liberalismo a defender la libertad religiosa, de las mujeres y a acabar con la esclavitud.

Ahora, esta afirmación nos lleva a plantearnos, si se puede ser o no, un liberal activista más allá de la cuestión jurídica.

Ramón Rallo indica correctamente que el liberalismo no puede ser neutral moralmente, minimalista o caer en un reduccionismo ético. Si el liberalismo se centró en la libertad individual para permitir que cada persona persiga sus propios proyectos, y en este sentido, hablamos de la libertad de que cada persona pueda casarse con quien quiera o que no tenga que tolerar ser insultado por su condición sexual.

Entonces si entendemos el sentido de tener un sistema jurídico liberal, ¿qué sentido tiene ser indiferente frente a personas o instituciones intermedias que las cercenan?

Es cierto que el liberalismo no puede imponer pensamientos o restringir la libertad religiosa por quienes tienen ideas retrogradas, salvo cuando extralimiten el principio de no agresión.

En este sentido, es lógico que un liberal defienda pacíficamente o intente acabar con prácticas, costumbres, prejuicios y postulados irracionales, que por cuestiones históricas, han castigado y siguen  castigando el proyecto de vida de las mujeres y de las minorías sexuales. Instituciones, que además, han utilizado por años el poder del Estado para cercenar la libertad de los individuos.

Debemos entender que la igualdad ante la ley no termina en un escrito en un papiro, sino también en poder acceder a ella. Si por ejemplo, las mujeres tienen igualdad en la constitución de su país pero las practicas judiciales que responden a estructuras sociales retrogradas sigue impidiendo el acceso a esta igualdad, es decir, no existe una real igualdad ante la ley. ¿Podemos ser indiferentes ante esto?

Hoy al menos 71 países en el planeta continúan criminalizando las relaciones entre personas del mismo sexo. ¿Cómo puede el liberalismo no ser el mayor bastión que repudie esas prácticas?

En igual sentido, el activismo liberal,  debería ser incluso el mayor argumento frente a los planteos de los nuevos conservadores, que bajo el slogan “con mis hijos no te metas” creen defender la libertad de los individuos. Un liberal que defiende la no violencia en el activismo debería ser quien con más razón defienda los grupos voluntarios, universidades, fundaciones o centros de acompañamiento que ayuden a terminar con aquellas instituciones y estructuras sociales que llevaron por siglos a limitar la libertad de las personas.

En conclusión, el activismo en las cuestiones de género debe ser considerarlo como una manifestación más de la filosofía política liberal en tanto busque acabar con aquellas estructuras sociales extremadamente opresivas con la mujer y las minorías sexuales.

You may also like

More in:Artículos

Artículos

Feminicidios

Por: Nicolas Fuentes Pedro Castillo hizo su declaración más nefasta: “El feminicidio es producto de ...